¡Hoy hemos visto cosas maravillosas!

Lc 5,17-26. Me sorprende ver a estas personas, cuyos nombres desconocemos, acercarse a Jesús llevando en una camilla a un hombre paralítico. Quieren presentárselo, pero hay mucha gente. En vez de desanimarse, hacen algo casi imposible. Y ahí están delante de Jesús.

Debía ser muy grande su fe, porque es sobre ella que Jesús da una nueva vida al hombre paralizado.

Palabra y vida. Pienso en el bien que estas personas hicieron a este hermano que vivía postrado y paralizado. Gracias a ellos, la vida, y con ella la esperanza y la alegría, surgió de nuevo. Volvió a renacer.

Pienso en todo el bien que podemos hacer cuando nos interesamos al otro. ¿Qué les movió? El bien del hermano, verlo feliz, alegre, libre de toda atadura de servidumbre. Así de sencillo.

Ejercicio en este día: cultivo en mi vida el deseo de hacer el bien a quien lo necesita. Con mucha confianza presento al Señor aquellas personas que conozco y que necesitan sentirse amadas por Dios.

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