El don de la fe

Jn 20, 8. “Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó”.

Una de las cosas por las que, en este día en que celebro el aniversario de mi nacimiento, doy gracias al Señor es por el don de la fe. La verdad es que no se cómo ha sido: la educación en mi familia, en el Seminario, personas que me han ido acompañando… La de Dios es una presencia muy familiar, cercana, casi podría decir natural. Cuando me encuentro con un no creyente, me pregunto: ‘¿y por qué yo tengo fe?’.

El Evangelio de hoy nos presenta al otro discípulo, a Juan, al que Jesús amaba, y podemos imaginar que él también amaba a Jesús. Simplemente llegó, vio y creyó. Esto es la fe: confianza y amor. No hay más razonamientos. Te sientes amado, no sabes muy bien porqué, pero es así, y confías en la persona que te ama. La vida diaria te va ayudando a integrar esta presencia ‘Otra’ en la propia carne, en la propia respiración. Simplemente dejarte llevar por quien te acompaña. Amor y confianza.

Doy gracias al Señor por este gran regalo, y al mismo tiempo le digo: ‘¡aumenta mi fe!’.

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