Escuchadle

Mc 9,2-10. Todo sucede de una manera sencilla y rápida: la transfiguración de Jesús delante de tres de sus discípulos, una blancura resplandeciente, la presencia de Elías y Moisés conversando con Él, el bienestar de los discípulos manifestando el deseo de quedarse en este lugar, una voz de lo alto revelando su identidad acompañada de un imperativo y la vuelta a la normalidad con un encargo a sus discípulos de no contar nada de lo vivido a nadie hasta el día de la resurrección.

La Transfiguración de Jesús nos revela su identidad y la nuestra. El ser humano ha sido creado para ser imagen de Dios. Quien vive en su presencia, y por consiguiente lo acoge en su vida, irremediablemente refleja la belleza divina.

«¡Qué bien se está aquí!». Vivir en presencia de Dios, vivir con su fuerza es bello, sublime, atrae a quien camina con un corazón transparente, a quien desea siempre algo mejor.

«Éste es mi Hijo querido. Escuchadle». El camino de la transfiguración del ser humano es la escucha del Hijo de Dios.

Palabra y vida. En el fondo del ser humano hay un deseo profundo de eternidad. La vida que nos acompaña nos ha sido dada. Dar cauce a ese deseo educándolo y formándolo con la Palabra, que progresivamente, con altos y con bajos, va realizando en nosotros la transfiguración a imagen de nuestro Padre y Creador.

Ejercicio en este día. Doy gracias al Señor por salir a mi encuentro y por la vida eterna que me ofrece continuamente.

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