Hacer memoria del Señor

Mc 14, 22-26 (Lc 22, 14-20). La cena del Señor. Sucede al final de su vida, en el cuadro de la pascua judía. Reúne a los doce discípulos y cena con ellos. Es la última. Durante esta cena hace un gesto importante. Toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo da, diciendo: – “Tomad, esto es mi cuerpo”. A continuación, toma la copa, da gracias a Dios, se la da y todos beben. Sobre ella pronuncia las siguientes palabras:  – “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos”. Y concluye diciendo “que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios”. Y pide explícitamente a los discípulos lo siguiente: “haced esto en memoria mía”.

La cena del Señor tiene un significado profundo: las imágenes del pan/el cuerpo y el vino/la sangre nos hablan de la vida de Jesús; una vida que se entrega para la salvación de la humanidad. Jesús ha vivido para los demás, ha amado dando la propia vida para que otros puedan tenerla. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos” (Jn 15,13). Dicho de una manera sencilla: nos ha enseñado, a través de su propio testimonio, el camino de la vida eterna.

Este es el significado del sacrificio cristiano. Amar a Dios se expresa en el acto de ofrenda de sí mismo, de la propia vida poniéndola al servicio del Amor. Vivir amando y sirviendo hasta las últimas consecuencias como Jesús ha hecho.

Jesús nos ha dejado esta última cena como memorial. Es curioso que este gesto lo hace al final de su vida. La celebración de la Eucaristía responde a esta invitación/imperativo de Jesús. Podemos decir que hacemos memoria de Jesús cuando, celebrando la Eucaristía, vamos progresivamente dando, ofreciendo nuestra vida a Dios en el servicio a la humanidad.

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