Primera jornada mundial de los pobres

Creo que esta jornada, querida por el papa Francisco, es una interpelación fuerte para tener presente ese mundo marginal, de pobreza, a veces de miseria, que forma parte de nuestra sociedad. Nadie elige ser pobre, y sin embargo por una razón u otra un porcentaje alto de personas de carne y hueso la sufren. El origen es diverso, pero la realidad es la misma: hermanos nuestros que quieren vivir con una cierta dignidad y no lo pueden porque les falta los recursos materiales necesarios.

De tanto ver la pobreza, se puede crear una actitud de indiferencia. “¿Y qué puedo yo hacer?”. Y como la pobreza no sólo continúa, sino que aumenta, casi inconscientemente se vuelve la mirada para otro lado. Y que cada cual se apañe como pueda.

Creo que se debe actuar a varios niveles. La erradicación de la pobreza es un sueño que portamos tantas personas de buena voluntad. Para ello se requiere un nuevo orden internacional, donde la regla básica sea el respeto de cada pueblo y ciudadano. Las reglas deben ser justas y equitativas para todos los pueblos de la tierra. Esto conllevaría un cambio estructural. ¿Estamos dispuestos a ello? Estemos dispuestos o no, ese es el camino que hay que recorrer. Y hasta que no se tome esa dirección la pobreza seguirá aumentando.

La pobreza no es algo abstracto. Tiene una cara, unos ojos, un cuerpo, una voz… La compasión es ese gran don divino que te ayuda a meterte en la piel de ese otro que está enfrente: “¿Y si yo fuese ese otro?”. Mirar cada ser humano como a sí mismo. Esto no viene de la noche a la mañana, se requiere un buen entrenamiento cotidiano. Es un regalo de lo Alto, pero al mismo tiempo una tarea: cuando ese rostro pobre entra en la mente, en el pensamiento, en la vista, en el diálogo, en el corazón, entonces algo grande está cambiando. El mundo no soy sólo yo: el mundo es el otro, y el otro, y el otro, y también yo.

El amor por el pobre conlleva un compromiso personal que se manifiesta en un cierto estilo de vida marcado por la austeridad. Austeridad para compartir.

En este día, pido al Señor de tener entrañas de misericordia y de compasión, todo ello acompañado de la determinación.

5 Noviembre

Este fin de semana estuve de nuevo en Parma. La ocasión ha sido la celebración de la fiesta de nuestro fundador, san Guido M. Conforti. Un par de días de familia y fraternidad. Entre los javerianos con los que me he encontrado está Giorgio Biguzzi, mi maestro de novicios, y siendo Obispo de Makeni en Sierra Leona fue quien me ordenó presbítero en noviembre de 1990. Ha sido una gran alegría de encontrarme de nuevo con él. A sus 81 años lo he visto lleno de energía, fuerza y vivacidad.

Es un gran testimonio para todos nosotros. Cuando el Papa aceptó su dimisión al cumplir los 75 años, tras 25 años de episcopado, volvió a la familia javeriana y se puso a disposición del Superior para ir allí donde hubiese necesidad. Ahora está plenamente integrado en una comunidad javeriana. Se ofrece mucho para la animación misionera y está a disposición del Obispo local para cuando lo necesita. Le deseo mucho bien y que pueda continuar a enriquecernos con su manera sencilla casi espontánea de vivir la consagración religioso misionera.

Ayer Domingo, durante la Eucaristía, Berto Kardi, joven indonesiano de la comunidad del Teologado de Parma, ha hecho la profesión perpetua. Es la primera vez como superior general que presido una tal celebración. Lo debo confesar, en la preparación de la liturgia me emocioné varias veces. Acoger la profesión de los votos religiosos de Berto me emocionó. Y cuánta alegría en el rostro y en el corazón de Berto. “Todo para la misión”, “todo lo puedo con el que me da fuerzas”. Berto también se emocionó al final en el momento de dar gracias y de recordar la familia, sus padres y hermanos que están en Indonesia, y aquellos que le han ayudado a ser cristiano y misionero javeriano. “Cuando era pequeño veía al misionero extranjero hacerse uno de nuestro pueblo anunciando la palabra de Dios. De ahí nació mi deseo de consagrar mi vida al Señor en la misión”. Gracias Berto por el don de tu vida. El Señor te acompaña continuamente. Con Él darás muchos frutos para el bien del reino de Dios. No pierdas nunca la alegría que te acompaña como un gran don del Espíritu.

Dichosos

«Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece.

Dichosos los afligidos, porque serán consolados.

Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa del bien, porque el reinado de Dios les pertenece.

Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa.

Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante. De igual modo persiguieron a los profetas que os precedieron.

(Mt 5, 3-13)