La humanidad, una sola familia

«Cantaban un cántico nuevo: —Eres digno de recibir el rollo y romper sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; hiciste de ellos el reino de nuestro Dios y sus sacerdotes, y reinarán en la tierra» (Ap 5,9-10).

La humanidad, esparcida por todo el universo, tiene un origen y un destino idéntico: ser familia, abrir puertas, darse la mano, caminar juntos. Cada gesto que va en esta dirección, por pequeño o grande que sea, ayuda a realizar este «sueño» de eternidad.

¡Feliz quien, comprendiéndolo, pone su vida al servicio de este «sueño» eterno!