Vivir unificado

Mt 22,34-40. No hay dudas en la respuesta que Jesús da al doctor de la ley que maliciosamente le pregunta sobre cuál es el precepto más importante: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente; y al prójimo como a sí mismo. En ello está resumida la ley entera.

Palabra y vida. Todo el corazón, toda el alma, toda la mente. La palabra de Dios conduce a la unificación de la persona. No puede haber fisuras. Para vivir plenamente, todo el ser de la persona ha de estar orientado hacia quien le ha dado la vida.

Los dos amores van de la mano: amar a Dios y amar al prójimo. El amor a Dios se verifica en el amor al prójimo. “Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20)

Ejercicio en este día: pido al Señor el don de vivir unificado en torno a Él, y de adorarlo de una manera particular en el servicio a mi prójimo.

La coyuntura presente

Lc 12,54-59. Jesús reacciona de una manera fuerte ante lo que está viendo. Se saben interpretar los fenómenos de la naturaleza, pero se es incapaz de interpretar la coyuntura presente ¿Ignorancia, cerrazón, ligereza, superficialidad, fijaciones…? Jesús los llama “hipócritas”.

Quizás viven tan centrados en sí mismos que continúan pasando al lado del tesoro escondido sin darse cuenta de lo que dejan al lado.

Palabra y vida. Interpretar la coyuntura presente requiere abrir los ojos, mirar, escuchar, buscar, dejarse sorprender, guardar silencio, compartir. No se tarda en descubrir los signos de la presencia de Dios.

Ejercicio en este día: miro fuera de mí mismo para darme cuenta de la presencia de Dios en gestos, detalles, palabras, compromisos, personas, silencios, reivindicaciones, impotencias…

La urgencia de Dios

Lc 12,49-53. En la vida de una persona hay momentos de sinceridad profunda, abierta, sin importar lo que los demás puedan pensar. Es la verdad que se manifiesta, saliendo a la luz lo que verdaderamente hay en su interior. Este es uno de esos momentos en la vida de Jesús. La pasión por Dios, por el reino es como un fuego interior que no ve el momento de salir fuera y decir ‘aquí estoy’.

Y describe lo que estaba pasando: la palabra de Dios no dejaba indiferente a nadie, o se toma partido por ella o contra ella. No hay medias tintas, o se acoge o se rechaza.

Palabra y vida. ¿Cómo puedo saber si la palabra de Dios ha tocado verdaderamente la raíz y fundamento de mi ser? Para responder basta preguntarse: ¿siento la urgencia de testimoniarla, de vivirla para que sea conocida y vaya transformando la sociedad?

Es urgente amar, servir, dialogar, perdonar, practicar la justicia, vivir en la gratuidad, mirar al otro como una parte de mí mismo… Todo ello habla de la urgencia que Dios y su proyecto de amor se manifieste en la sociedad donde cada uno vive

Ejercicio en este día: profundizo la urgencia de Dios en nuestro mundo y sigo comprometiéndome localmente para manifestar su presencia: pequeños gestos, pequeñas acciones cotidianas que van mostrando la belleza de Dios.

Dichosos ellos

Lc 12,35-38. Una llamada de atención de Jesús a tomar la vida con seriedad, a no dejarse llevar por distracciones que pueden atraer pero que son inútiles y nocivas. El encuentro con el Señor se realiza en la verdad y honestidad de nuestra vida.

Palabra y vida. Un elogio a la fidelidad cotidiana en el corazón de nuestra vida.

Ejercicio en este día: intento vivir con fidelidad y entrega el servicio que se me ha confiado

La codicia

Lc 12,13-21. Una enseñanza sobre el sentido de la vida en relación al tema de la posesión. “¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!”

La riqueza se puede convertir en un falso dios al que se le dedica la mejor parte de la existencia, pudiendo caer en una dependencia que anula la voluntad de la persona y la desvía del fin para el que ha sido creada.

Nadie, nos dice el papa Francisco con la sencillez que le caracteriza, se va al otro mundo con los bolsillos llenos. “Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios”.

Palabra y vida. En la vida, saber poner cada cosa en su sitio es un gran regalo del Espíritu. Para ello es importante adquirir una gran libertad interior -libre frente a los bienes materiales, frentes a las personas, frente a las ideas…-,  para poder en todo amar y servir a nuestro Creador.

Ejercicio en este día: pido al Espíritu el gran don de la libertad interior.

La misión en el corazón de la fe cristiana

Hoy, día del Domund, es el día en el que la Iglesia recuerda una verdad fundamental: se recibe la fe para darla. ¿Qué sería de ese amor que no siente la necesidad de amar?. Tomo algunas frases de “la alegría del evangelio” del papa Francisco  para comprender mejor el sentido de esta jornada.

  • La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más.” (264)
  • “La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir.” (13)
  • “No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos.” (266)
  • El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.” (266)

  • “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan… Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga.” (262)
  • “Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás.” (264)
  • “A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno.” (265)
  • El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor.” (265)
  • “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios. Como consecuencia de esto, si queremos crecer en la vida espiritual, no podemos dejar de ser misioneros. La tarea evangelizadora enriquece la mente y el corazón, nos abre horizontes espirituales, nos hace más sensibles para reconocer la acción del Espíritu, nos saca de nuestros esquemas espirituales limitados. Simultáneamente, un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.” (272)
  • “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo.” (273)
  • “Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él « viene en ayuda de nuestra debilidad » (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente.” (280)
  • “De esa forma, cuando un evangelizador sale de la oración, el corazón se le ha vuelto más generoso, se ha liberado de la conciencia aislada y está deseoso de hacer el bien y de compartir la vida con los demás.” (282)
  • « El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza.» (265)

La hipocresía

Lc 12,1-7. Jesús hace una llamada particular a sus discípulos sobre el peligro de la hipocresía. Utiliza la imagen de la levadura que ayuda a fermentar la masa con la que se hace el pan.

Palabra y vida. Lo mismo pasa con la hipocresía, basta un poquito para echar a perder la belleza de la vida.

Ejercicio en este día: hago un compromiso conmigo mismo de alejarme con todo mi ser de la tentación de la hipocresía, de aborrecerla profundamente. Se lo pido al Señor.

Jubileo ordenación sacerdotal

¡50 años de vida sacerdotal misionera en la familia javeriana!

Este fin de semana he estado en nuestra casa madre de Parma acompañando a nuestros compañeros que celebran en este mes el jubileo de las bodas de oro de la ordenación sacerdotal. Fueron ordenados en octubre de 1967 por Mgr Gianni Gazza, superior general en ese momento.

Eran 31, once de ellos ya están en la casa del Padre, nueve dejaron la vida sacerdotal javeriana. El resto están sirviendo a la misión en los diferentes países donde nos encontramos. Este fin de semana han sido seis los que se han podido reunir juntos. Algunos de ellos no se veían desde entonces. Michelangelo, debido a la enfermedad que le acompaña desde hace años, ha podido participar sólo a la Eucaristía del sábado.

Han sido tres días vividos con mucha sencillez y fraternidad en comunión con la comunidad de la casa madre. Retiro espiritual, compartir con los compañeros javerianos enfermos y ancianos, celebración eucarística en la capilla de la casa madre donde fueron ordenados, encuentros personales y para concluir visita al santuario de la Virgen de Fontanellato, de tal feliz recuerdo para la vida de nuestro padre y fundador san Guido Maria Conforti

Muchos recuerdos, un compartir muy bonito y profundo de lo más señalado de estos cincuenta años. Mucho amor y reconocimiento por todo lo que el Señor ha podido hacer de bueno y de grande a lo largo de todos estos años, por tantas personas que en los diferentes continentes  donde han vivido y siguen viviendo han acogido la gracia de la vida cristiana.

Para mí ha sido un regalo poder compartir con ellos estos tres días. Les digo gracias por el testimonio de vida consagrada misionera en nuestra familia javeriana a lo largo de todos estos años, por el bien que han hecho y que seguirán haciendo con la ayuda del Señor y de todos los que seguimos al lado de ellos.

¡Gracias!

Sé valiente, la misión te espera

Pregón del DOMUND  2017 pronunciado por Luz Casal

Excmos. y Rvdmos. Sres. Obispos; Sr. Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, D. Anastasio Gil García; autoridades; misioneras y misioneros; señoras y señores; queridos todos: buenas tardes.
Agradezco de todo corazón que me hayan invitado a estar aquí, en esta Catedral que tanto significado tiene en mi vida, y que durante unos minutos capte su atención con estas palabras que a continuación les voy a leer.

Intro
Mujer y cantante, es mi voz la de una católica poco practicante, pero con unas raíces tan profundas, y una memoria tan ligada a la historia y a las celebraciones de la Iglesia católica, que muchas veces tengo la sensación de ser una buena cristiana.

Para hablar sobre las misiones y la celebración del Domund en este año 2017, he pensado hacerlo como si de una canción se tratara, haciendo este sencillo pregón que lleva el título «Sé valiente, la misión te espera», y con una estructura que contiene esta pequeña introducción, seguida de una estrofa, después un estribillo, una segunda estrofa, estribillo, interludio o puente para llegar al final, con el último estribillo.

Primera estrofa
Aprendemos a convivir con la injusticia y la desigualdad, sin apenas advertirlas, como si nuestro cerebro estuviera envuelto en brumas, y nuestro corazón anestesiado por un consumismo que satisface los deseos inmediatos y efímeros y por el hedonismo, tan bien considerado, provocando con ello indiferencia y despotismo, que embrutecen y monopolizan nuestros sentimientos. Aun así, no conformes, vamos añadiendo pesados fardos de temores, egos y miedos, haciendo cada día la costra más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de la pobreza que nos humilla.

Cada vez es más difícil dejar de ser pobre, y la situación se enquista por las carencias del sistema de protección y de las ayudas, por la precariedad laboral y el desigual reparto de la riqueza.

La vida es un combate constante entre dos fuerzas: por un lado, están aquellos que son capaces de comportarse ordinariamente de manera inhumana, y en el otro lado, en el otro bando, están los «soldados» o misioneros que, aun conociendo la derrota y el desengaño, saben sobreponerse y con sus actos reparar el daño causado por los primeros, a la vez que siembran nuevos caminos con semillas que germinarán en los corazones de los desfavorecidos, hasta llegar a la victoria.

Cuando el tiempo se contabilizaba para mí de otra manera, las imágenes de unos niños felices de piel oscura, que por primera vez vieron mis ojos en el salón de actos de mi colegio, fueron el primer contacto que tuve con el Domund. Después de ver ese documental, rodado en paisajes muy alejados y distintos, las Hermanas Doroteas nos explicaron el significado de muchas palabras, entre las que destacaban por su reiteración misericordia y caridad, virtudes y valores que deberíamos incorporar a nuestras incipientes vidas, según nos dijeron, a partir de ese momento. Esa lección puso las bases, y fomentó en aquel grupo de niñas, nuestra futura predisposición a echar una mano al necesitado.

Hoy día nos cuesta pronunciar palabras como caridad, siendo esta una virtud superior de la moral cristiana que ha perdido significado en estas tres o cuatro últimas décadas. -Las palabras también están a merced de la moda, se desgastan, pierden protagonismo e importancia-.

En algún momento de nuestra vida diaria tendremos que tender la mano al náufrago, como dijo e hizo hace pocos meses el presidente de la ONG «Sea Eye», «Ojo de la mar», quien defendió que «ayudar ante el peligro es el deber de cualquier persona que esté en el mar, sin distingos a su origen, color, religión o convicciones»; y para que ese «náufrago» pueda continuar su travesía, necesitamos dedicarle unos minutos como los que algunos dedicamos a nuestros abdominales y glúteos, u ofrecer un donativo que no supondrá un gasto mayor que un botecito de crema antiarrugas o una hidratante de manos.

Un esfuerzo mínimo, semejante al que hacen algunas adolescentes al lanzar sin ton ni son besos al aire.

Estribillo
 La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Segunda estrofa

Los misioneros
Son esos seres elegidos para soportar las dificultades. Bravos y obedientes hijos dotados de paciencia y fortaleza. Benevolentes con las debilidades. Ejemplos de resistencia moral. Muestran diariamente cómo la compasión activa está en las entrañas de su misión y va más allá de la solidaridad.

Sin patrias ni banderas, abandonan el proyecto de vida propia, orientada hacia su propio interés, por una comunión fraterna. -La libertad no es mayor cuando se puede hacer lo que a uno se le antoja, sino cuando se elige lo bueno, lo bello y lo verdadero, aun cuando esa decisión comporte el sacrificio de uno mismo por un bien mayor-.

Héroes anónimos, que en sus viajes al infierno acaban por alcanzar el cielo al juntar con ternura sus manos a otras manos. Estos cerca de 13.000 misioneros españoles están dispuestos y se empeñan en cruzar medio planeta para poner en práctica y materializar su idealismo, saliendo de la comodidad de nuestro mundo cotidiano, para escuchar el latido del dolor de los perseguidos, de los pordioseros y marginados, llegando incluso a arriesgar la propia vida -que es una de las expresiones más bellas y desinteresadas- para ofrecerles un chispazo de esperanza y aportar dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado, cuando no aniquilado.

En estos casi cien años de celebración del Domund, la labor hecha por los misioneros está rodeada de silencio, y aun así no falta la alegría en su misión, a pesar de que puedan tener el pecho descarnado por muchas ausencias, o porque hayan tenido fisuras en su integridad o propósitos a causa de sus dudas, que no son otra cosa que la consecuencia inherente a la honestidad. Si preguntáramos a cada uno de ellos por su labor, seguro que nos dirían que todo lo que hacen o han hecho merece la pena. ¡Merece la pena el alivio de un paño caliente ante el espanto, sacando a los desfavorecidos de las sombras de la guerra, el terror, el odio fratricida o el hambre que padecen más de 800 millones de personas!

Tenemos confianza en la ciencia, en la razón, en la cultura y en el poder que da el progreso desde el siglo XVIII, pero eso no debiera impedirnos creer en la misericordia que llega a través de la fe. Muchas veces las respuestas no están en la profundidad del saber, porque ni siquiera el avance de la ciencia detiene la miseria.

Somos una nación antigua, que ha vivido con la alegría de ser cristiana, una doctrina profunda del humanismo; una nación que abrió las puertas a la evangelización, y, a través de ella, nos hemos unido a gentes de otros pueblos, conociendo sus culturas y religiones, insertados en sus costumbres y tradiciones, aceptando de manera natural que las verdades absolutas generan dolor y que llevar la fe a otros destinos no debe tener como objetivo el dominio. Con la distancia que imponen los siglos, hemos ido dando la espalda al trabajo espiritual, que podría considerarse como un eco que se anticipara a la voz.

El novelista Javier Cercas, en su libro El monarca de las sombras, dice refiriéndose a su madre que «habita todavía en un mundo con Dios»; somos muchos los que vivimos con esa presencia que nos ampara ante la oscuridad y nos ofrece una iluminación que avanza.

Para que triunfe el mal, lo único necesario es que las personas buenas no hagan nada para evitarlo, y en la vida solo hay dos opciones ante los problemas: esperar a que otros los solucionen o poner de tu parte para solucionarlos; esta última opción es la que habéis elegido los misioneros, religiosos y seglares.

Laicos y cooperantes también ponen su esfuerzo personal, conocimiento profesional y aporte económico a través de distintas organizaciones, como por ejemplo «Acción contra el Hambre», «Save the Children», «África directo», «Aldeas Infantiles», etc.

Un grupo de personas, a través de nuestro Festival de La Luz que se celebra a pocos kilómetros de aquí, en el Concello de Boimorto, hemos podido conocer el trabajo de algunas de esas organizaciones, a las cuales ha ido a parar la recaudación total de las entradas de cada edición del Festival, como por ejemplo «Oxfam Intermón», «Banco de Alimentos» o «Médicos sin Fronteras». También hemos sido testigos hace pocos años de la labor ingente de la fundación Vicente Ferrer en la India, en una de las regiones más pobres del país, Anantapur, en el estado Andhra Pradesh.

Para cerrar esta estrofa dedicada a los misioneros, quiero destacar la labor evangélica y social de las Obras Misionales Pontificias.

Estribillo
La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Puente
La bondad, esa virtud que algunos tienen y que, según dicen los especialistas en neurociencia afectiva, se encuentra en la base de un cerebro sano, hace que los poseedores de esa gracia perciban las cosas de otra manera. Mientras muchos hacen ruido, unos pocos, con sus acciones calladas y generosas, dan ánimos a los que parece que hubieran cometido el pecado de existir, sea en Siria, Sudán del Sur, Yemen o en cualquiera de los más de 33 países con gravísimos conflictos.

Ser bueno es el más sutil de los egoísmos, porque serlo te recompensa con el placer de la felicidad y alivia tu ansiedad como individuo gracias a la buena conciencia que recibes cuando haces una buena acción. Por eso yo creo que la colaboración solidaria debería estar siempre de moda.

Estribillo
La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Permítanme añadir una pequeña coda:
Gracias a todos los misioneros presentes por enseñarnos con sus obras que el más insignificante acto de amor puede abrazar a la humanidad herida.

La alegría del Evangelio

6. Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo.

Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias: «Me encuentro lejos de la paz, he olvidado la dicha […] Pero algo traigo a la memoria, algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan. ¡Grande es su fidelidad! […] Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor» (Lm 3,17.21-23.26).