El don de la fe

Jn 20, 8. “Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó”.

Una de las cosas por las que, en este día en que celebro el aniversario de mi nacimiento, doy gracias al Señor es por el don de la fe. La verdad es que no se cómo ha sido: la educación en mi familia, en el Seminario, personas que me han ido acompañando… La de Dios es una presencia muy familiar, cercana, casi podría decir natural. Cuando me encuentro con un no creyente, me pregunto: ‘¿y por qué yo tengo fe?’.

El Evangelio de hoy nos presenta al otro discípulo, a Juan, al que Jesús amaba, y podemos imaginar que él también amaba a Jesús. Simplemente llegó, vio y creyó. Esto es la fe: confianza y amor. No hay más razonamientos. Te sientes amado, no sabes muy bien porqué, pero es así, y confías en la persona que te ama. La vida diaria te va ayudando a integrar esta presencia ‘Otra’ en la propia carne, en la propia respiración. Simplemente dejarte llevar por quien te acompaña. Amor y confianza.

Doy gracias al Señor por este gran regalo, y al mismo tiempo le digo: ‘¡aumenta mi fe!’.

Navidad

“No temáis. Mirad, os doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo. Hoy os ha nacido en la ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor” (Lc 2, 10-11)

La fiesta de Navidad que celebramos hoy es el misterio de la presencia de Dios en medio de nosotros. La humanidad no está sola, Dios está con nosotros. ¡Es una belleza extraordinaria!

Es el misterio de la luz que ilumina y acompaña cada rincón de nuestra vida y de nuestro mundo. Quien acoge esta luz se convierte en hijo de la luz, y recibe el encargo de dar testimonio de ella.

Que esta presencia divina sea en nuestra vida cotidiana una fuente de inspiración continua día tras día.

¡Feliz Navidad!

¡Hoy hemos visto cosas maravillosas!

Lc 5,17-26. Me sorprende ver a estas personas, cuyos nombres desconocemos, acercarse a Jesús llevando en una camilla a un hombre paralítico. Quieren presentárselo, pero hay mucha gente. En vez de desanimarse, hacen algo casi imposible. Y ahí están delante de Jesús.

Debía ser muy grande su fe, porque es sobre ella que Jesús da una nueva vida al hombre paralizado.

Palabra y vida. Pienso en el bien que estas personas hicieron a este hermano que vivía postrado y paralizado. Gracias a ellos, la vida, y con ella la esperanza y la alegría, surgió de nuevo. Volvió a renacer.

Pienso en todo el bien que podemos hacer cuando nos interesamos al otro. ¿Qué les movió? El bien del hermano, verlo feliz, alegre, libre de toda atadura de servidumbre. Así de sencillo.

Ejercicio en este día: cultivo en mi vida el deseo de hacer el bien a quien lo necesita. Con mucha confianza presento al Señor aquellas personas que conozco y que necesitan sentirse amadas por Dios.

Adviento

Empezamos hoy el tiempo de Adviento, que coincide con la fiesta de san Francisco Javier. Es un periodo, este año de tres semanas, que nos ayuda a prepararnos para celebrar la gran fiesta de Navidad.

Me parece importante cultivar una actitud fundamental para este tiempo: dejarse sorprender por la Buena Noticia de la Navidad. “Dios con y en medio de nosotros” no es una pequeña cosa. Llevaba mucha razón el principito cuando decía a su amigo zorro: “he aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos. – Lo esencial es invisible para los ojos.”

Sí, dejarse sorprender por esa presencia silenciosa, humilde, callada, desapercibida, anónima de Dios entre nosotros.

¡Dichosos los ojos que se dan cuenta, los oídos que llegan a escucharlo y el corazón que siente y acoge su amor!

Buen camino de Adviento.