La urgencia de Dios

Lc 12,49-53. En la vida de una persona hay momentos de sinceridad profunda, abierta, sin importar lo que los demás puedan pensar. Es la verdad que se manifiesta, saliendo a la luz lo que verdaderamente hay en su interior. Este es uno de esos momentos en la vida de Jesús. La pasión por Dios, por el reino es como un fuego interior que no ve el momento de salir fuera y decir ‘aquí estoy’.

Y describe lo que estaba pasando: la palabra de Dios no dejaba indiferente a nadie, o se toma partido por ella o contra ella. No hay medias tintas, o se acoge o se rechaza.

Palabra y vida. ¿Cómo puedo saber si la palabra de Dios ha tocado verdaderamente la raíz y fundamento de mi ser? Para responder basta preguntarse: ¿siento la urgencia de testimoniarla, de vivirla para que sea conocida y vaya transformando la sociedad?

Es urgente amar, servir, dialogar, perdonar, practicar la justicia, vivir en la gratuidad, mirar al otro como una parte de mí mismo… Todo ello habla de la urgencia que Dios y su proyecto de amor se manifieste en la sociedad donde cada uno vive

Ejercicio en este día: profundizo la urgencia de Dios en nuestro mundo y sigo comprometiéndome localmente para manifestar su presencia: pequeños gestos, pequeñas acciones cotidianas que van mostrando la belleza de Dios.

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