Levanto mis ojos a los montes,
¿quién me ayudará?
Es el Señor quien me ayuda.
No dejará que tropiece mi pie.
El Señor es quien me cuida,
es mi sombra protectora.
De día el sol no me hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor me protege de todo mal,
él protege mi vida desde ahora y para siempre. (Salmo 121)

