Esta tarde después de una buena lluvia he ido a saludar a los miembros del grupo ‘palabra de Dios’, que se reunen cada Jueves por la tarde. Cuando he terminado y volvía a casa, en la penunbra oígo un saludo, me vuelvo y reconozco a Monique. Nos saludamos y me pregunta: ‘pero desde cuándo estás aquí?’. Iniciamos una pequeña conversación y como va cayendo la noche le digo que debo marcharme. Y de golpe, como si es lo que estuviese esperando, me dice: ‘pero padre ven a bendecir mi nueva habitación. Sabes, estoy mudándome y quiero que la bendigas’. Intento decirle que es tarde y que es mejor otro día, pero nada, insiste e insiste.

Conozco a Monique desde hace años. Casada, con dos hijas, en torno a los 40 añós, hace unos años sufrió un trauma muy grande que le ha desequilibrado su vida cuando su marido la abandonó. Desde entonces no encuentra la paz. Vive sola. Con una constitución psicológica frágil, desborda con mucha facilidad en lo espiritual. Poco a poco ha ido degenerando, se siente continuamente amenazada por fuerzas invisibles fruto de su imaginación. Recobra un poco de paz cuando se desahoga hablando y terminamos orando. Venía siempre con una botella grande de agua y un poco de sal para que la bendijese. Y repartía con un poco de serenidad. La soledad, el vacío juegan un rol muy negativo en su vida.
Con el dinero que el marido le dejó ha podido hacer Magisterio. Me dice que ha terminado, pero no ha encontrado trabajo. Echa su dossier pero no la llaman. De ahí a entrar en una depresión no hay más que un paso.
La acompaño hasta la nueva habitación. Me la muestra, está situada en un riconcito. Le pide a la vecina la lámpara, pues no hay electricidad. Abre la puerta, entro, el techo está agujereado lo que hace que haya goteras abundantes… La noche ya está encima. Oramos, bendigo la habitación y a Monique. En un ángulo está la botella de agua y la bolsilla con la sal. Las bendigo también. Y termino desándole una buena noche. ‘Gracias, gracias padre. Buenas noches’, me responde.
Volviendo a casa, no puedo de dejar de pensar en Monique. Una persona frágil psicológicamente, víctima del abandono, viviendo en la soledad, en la miseria. Y como ella, desgraciadamente, hay otras muchas personas.

