Lc 8,19-21. Le dicen a Jesús que su madre y sus hermanos están fuera y que quieren verlo. Jesús mira a su alrededor y dice sencillamente: ‘mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica’.
“La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. Vino a los suyos y los suyos no la acogieron. Pero a los que la acogieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: quienes no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni de deseo del varón, sino de Dios” (Jn 1,9-13)
Palabra y vida. Hay la familia humana y la familia espiritual. En la primera es la sangre la que une; en la segunda es la escucha y puesta en práctica de la palabra de Dios: es la familia de los hijos de Dios.
Ejercicio en este día: doy gracias a Dios por pertenecer a su familia. Al mismo tiempo, con su ayuda, me esfuerzo en poner en práctica la palabra de Dios: cosas sencillas, gestos aparentemente insignificantes, palabras al oído… Pequeñas cosas que van revelando a nuestro su verdadera naturaleza.

