Llegué esta mañana a Roma. El viaje desde Douala fue bien, tranquilo. A partir de ahora empiezo el nuevo servicio que mis hermanos javerianos me han confiado para estos próximos seis años.

Esta tarde vino a vernos el administrador apostólico de la diócesis de Tete, en el norte de Mozambique. Tenemos una comunidad javeriana en esta diócesis. Durante el capítulo general leímos un mensaje que nos envió. Nos presenta la realidad de la diócesis, 100 000 kmº, una parte grande sin evangelizar por falta de misioneros. Nos pide de aumentar nuestra presencia con otra comunidad para poder atender una zona que está muy descuidada por parte de la Iglesia.
Así comenzamos, con el grito de un pastor misionero que pide ayuda. ¿Podremos responderle positivamente? Recuerdo las palabras de san Pablo a los cristianos de Roma: «Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo lo invocarán si no han creído en él? ¿Cómo creerán si no han oído hablar de él? ¿Cómo oirán si nadie les anuncia? ¿Cómo anunciarán si no los envían? Como está escrito: ¡Qué bellos los pies de los heraldos de buenas noticias!” (Rom 10,13-15)
Y me confío a las palabras de Jesús: «La mies es abundante y los obreros son poco numerosos. Rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38)

TETE: Región nº 10

