
Cuando estoy aterrizando en Roma me llega un mensaje desde el Chad. Dice así: «Cuando uno se va a otro lugar, deja a la familia y a los amigos algún recuerdo. No es esto lo que te pido en este momento, pues a mí personalmente me has dado un regalo que no lo olvidaré nunca, es Jesucristo que nos has dejado en el Chad. Una sola cosa te pido, ora al Señor por mí.»
Doy gracias al Señor por el don de la vida misionera: lo que gratis recibí, el don de la fe cristiana, lo doy gratis. La dinámica evangélica nos recuerda que es cuando se da que se recibe.

