
El poder del Espíritu de Dios
Mc 9,38-40. «Juan le dijo: —Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no va con nosotros. Jesús respondió: —No se lo impidáis. Aquel que haga un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor».

El poder del Espíritu de Dios se manifiesta allí donde hay corazones generosos, que buscan el bien del prójimo, más allá de una pertenencia religiosa o social. Podemos decir que no conoce fronteras ni límites, sencillamente porque esto es obra humana, y los frutos del Espíritu de Dios es obra divina. ¡Esa es la diferencia!
Hacer el bien, colaborar, construir puentes, superar obstáculos, mirar el corazón y no la apariencia. El Espíritu de Dios ayuda a mirar más allá de los propios intereses económicos, sociales, culturales, políticos, étnicos, religiosos. Engendra el reino de Dios.
El reino de Dios es apertura de inteligencia y de corazón; horizontes amplios y abiertos; miradas fraternas que incluyen, que engendran ternura, confianza, paz; brazos abiertos que acogen, ayudan y comparten; pies para caminar juntos.
El Espíritu de Dios no es propiedad de ninguna institución, pertenece a la humanidad entera.
¡Feliz Domingo!
La ministerialidad
Visitando las diferentes comunidades cristianas donde nos encontramos los misioneros javerianos aquí en Brasil, una realidad que aparece a primera vista es la ministerialidad, y por consiguiente la corresponsabilidad ejercida por el conjunto de la comunidad. Los laicos participan muy activamente en la vida de la Iglesia, sea a nivel interno como en su inserción en la sociedad.

Uno de los males que el papa Francisco denuncia a menudo es el clericalismo, es decir esa tendencia del clero a acaparar, a considerarse con una cierta superioridad, a reducir al laicado a un cierto infantilismo…
Da alegría ver comunidades bastantes vivas, comprometidas, celebrativas, con una identidad eclesial que se deja ver enseguida. Sin duda una riqueza para la Iglesia universal.
Nuestra Señora de Aparecida
La Virgen María está muy presente en la Iglesia brasileña. El santuario de Aparecida es el lugar por excelencia que habla de esta presencia de madre en medio de la comunidad cristiana. A la Virgen se le quiere y se le ama profunda y tiernamente.

El amor a María en la Iglesia inicia al pie de la cruz, cuando Jesús confía su madre al discípulo amado, y viceversa. A partir de ese momento, María ocupa un lugar particular en la comunidad cristiana. Cuando reciben el don del Espíritu, María, cual madre de la Iglesia, forma parte de este primer grupo de discípulos misioneros del Evangelio de la Vida.
Desde entonces, a lo largo de la historia y con denominaciones muy diversas en todo el mundo, María acompaña la Iglesia en la tarea evangelizadora de la Iglesia.
María, madre de la Iglesia, madre nuestra, gracias por acompañarnos y ser nuestra madre. Ayúdanos a amar y seguir cada día un poco más a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que amándolo y siguiéndolo podamos continuar la tarea misionera que Él ha confiado a la Iglesia, y en particular a esta Iglesia de Brasil.
Guaianases
Jorge, Santos y José Dolores forman una pequeña comunidad javeriana en la periferia de Sao Paulo. Sirven la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús situada en el corazón del barrio de Guaianases. Es difícil saber exactamente la población, entre 70 000 y 100 000 habitantes. La parroquia está dividida en treces comunidades, que podrían formar otras tantas parroquias.
La periferia de Sao Paulo ha mejorado mucho en los últimos quince años: calles asfaltadas, luz y agua corriente, transporte público, áreas culturales y de recreación… El barrio se ha ido poblando progresivamente a medida que iba llegando la población desde los diferentes rincones de Brasil en busca de un trabajo. Llegaban y allí donde podían iban instalándose. Prácticamente son barrios dormitorio. Por las mañanas temprano las calles son una marea humana que se desplaza hacia el centro de la ciudad donde está el trabajo. Alrededor de dos horas es el tiempo que se tarda en llegar al destino. Al anochecer es el mismo recorrido, pero esta vez de vuelta a casa. El problema más importante es el desempleo, que ha aumentado en los últimos años como consecuencia de la crisis. La droga está muy extendida. La violencia ha disminuido.
La presencia javeriana en este contexto de periferia viene desde los años sesenta. Hoy la situación ha cambiado pero el desafío es el mismo: anunciar el evangelio de Jesucristo, proclamar que el reino de Dios está ya en medio de nosotros.
Beatriz es la coordinadora de una Comunidad Eclesial de Base. “En estos años que estoy en la comunidad hay una cosa fundamental que he aprendido: la comunidad cristiana debe estar fundamentalmente al servicio del evangelio, del reino de Dios. Los sacramentos vienen después. El reino de Dios crece con una sonrisa, con un saludo, dando una mano a quien lo necesita, colaborando en una actividad en favor del bien común, viviendo la fraternidad, dando parte del tiempo para los demás. Es mucha la alegría que se recibe cuando se piensa en el otro antes que en uno mismo”. En la reunión en la que he participado, se ha proclamado el evangelio de Mateo de ser luz del mundo y sal de la tierra. Después de compartir el bien que la palabra de Dios ha hecho en nuestras vidas, se han pasado de mano en mano varias velas encendidas y se ha gustado un poco de sal. En eso consiste esencialmente la vida cristiana: ser luz que ilumina y sal que hace agradable el caminar por esta vida.
P. Giovanni Mezzadri
81 años, llegó a Brasil en 1972 y desde entonces está al servicio de la misión en esta región. Es la primera vez que lo encuentro. Acogedor, sencillo, humilde, gran trabajador y atento a las necesidades de los otros. Tras pasar por diferentes comunidades, desde hace tres años se encuentra en esta comunidad regional de Vila Mariana al servicio de quien pasa por aquí.
Hemos tenido un diálogo personal muy agradable con él. Gran devoto de padre Pio, de quien se considera hijo espiritual pues él está al origen de su respuesta vocacional. Fue en 1957, con 21 años, cuando un primo le pidió de acompañarlo a san Giovanni Rotondo. Pasaron tres días. Giovanni aprovechó para ir a confesarse con padre Pio para ver si “este padre me libera de este problema que me angustia”. De hecho, hacía tiempo que sentía en su corazón el deseo de dar su vida al Señor para el servicio a la misión, pero prefería olvidarlo, incluso empezó a salir con una joven en vista de formar una familia y se preparaba a nivel profesional en el campo de la aeronáutica. Llegado el momento de la confesión delante de padre Pio dijo así: “Padre, a veces me viene la tentación de entrar en el seminario de las misiones”. Padre Pio fijó los ojos en su rostro y le dijo: “¡Qué tentación, hace tres años que estás rechazando la gracia de la llamada de Dios!”. Era justamente el tiempo que hacía que la voz del Señor tocaba su corazón. Jamás había visto a padre Pio antes de ese momento y tanto menos hablar con él de su propia vida. Fue el empujón que necesitaba para dejar todo y decir con inmensa alegría en el corazón sí al Señor. A los pocos meses iniciaba el año de noviciado.
Giovanni forma parte del grupo de los javerianos con más años de permanencia en esta región javeriana de Brasil. Gracias, Señor, por el don de tantos hermanos que han dado y siguen dando sus vidas para que puedas ser conocido, amado y seguido por este pueblo al que un día fueron enviados en tu nombre, que los acogió, y que hoy se sienten parte de él.
Brasil
Con Javier Peguero, consejero general, hemos llegado ayer a Sao Paulo en Brasil. Se trata de la visita que vamos a realizar a la comunidad javeriana aquí presente desde 1953. Sea para Javier como para mí es la primera vez que venimos a Brasil. Yo debo añadir que es la primera vez que vengo al continente americano.
Veamos algunos datos de Brasil.
Tiene una superficie estimada en más de 8,5 millones de km². Es el quinto pais más grande del mundo en área total (equivalente a 47% del territorio sudamericano). Delimitado por el océano Atlántico al este, Brasil tiene una línea costera de 7491 km.
Tiene más de 202 millones de habitantes, lo que hace de Brasil el sexto país más poblado del mundo. Presenta un bajo índice de densidad poblacional debido a que la mayor parte de la población se concentra a lo largo del litoral, mientras que el interior del territorio aún está marcado por enormes vacíos demográficos.
Tiene frontera con todos los países de América del Sur, excepto Ecuador y Chile. La selva amazónica cubre 3,6 millones de km² del territorio. Gracias a su vegetación y al clima, es uno de los países con más especies de animales en el mundo.
Su constitución actual, formulada en 1988, define a Brasil como una república federativa presidencialista. La federación está formada por la unión del Distrito Federal, los 26 estados y los 5565 municipios.
El idioma oficial y el más hablado es el portugués, que lo hace el mayor país lusófono del mundo. Por su parte, la religión con más seguidores es el catolicismo, siendo el país con mayor número de católicos nominales del mundo, con un aumento considerable del cristianismo evangélico. La sociedad brasileña es considerada una sociedad multiétnica al estar formada por descendientes de europeos, indígenas, africanos y asiáticos.
La economía brasileña es la mayor de América Latina y del hemisferio sur, la sexta mayor del mundo por PIB nominal y la séptima mayor por paridad del poder adquisitivo.
Presencia Javeriana
Los Javerianos llegamos a Brasil en 1953. El primer campo de trabajo fue el norte Paraná.

Hoy trabajamos en dos zonas: una al sur, en los estados de Paraná, San Pablo y Minas Gerais, con 38 javerianos; otra al norte, en el estado de Pará, con 32 javerianos.
En estos momentos estamos haciendo la visita a la zona Sur. Los 38 javerianos están repartidos en doce comunidades. ¿Cuál es la actividad específica que realizamos? A medida que vayamos visitando las comunidades iré compartiendo lo que vayamos viendo y descubriendo.
Para mayor información: https://www.javerianos.org/conocenos/donde-estamos/america/brasil-sur
Hacer memoria del Señor
Mc 14, 22-26 (Lc 22, 14-20). La cena del Señor. Sucede al final de su vida, en el cuadro de la pascua judía. Reúne a los doce discípulos y cena con ellos. Es la última. Durante esta cena hace un gesto importante. Toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo da, diciendo: – “Tomad, esto es mi cuerpo”. A continuación, toma la copa, da gracias a Dios, se la da y todos beben. Sobre ella pronuncia las siguientes palabras: – “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos”. Y concluye diciendo “que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios”. Y pide explícitamente a los discípulos lo siguiente: “haced esto en memoria mía”.

La cena del Señor tiene un significado profundo: las imágenes del pan/el cuerpo y el vino/la sangre nos hablan de la vida de Jesús; una vida que se entrega para la salvación de la humanidad. Jesús ha vivido para los demás, ha amado dando la propia vida para que otros puedan tenerla. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos” (Jn 15,13). Dicho de una manera sencilla: nos ha enseñado, a través de su propio testimonio, el camino de la vida eterna.
Este es el significado del sacrificio cristiano. Amar a Dios se expresa en el acto de ofrenda de sí mismo, de la propia vida poniéndola al servicio del Amor. Vivir amando y sirviendo hasta las últimas consecuencias como Jesús ha hecho.

Jesús nos ha dejado esta última cena como memorial. Es curioso que este gesto lo hace al final de su vida. La celebración de la Eucaristía responde a esta invitación/imperativo de Jesús. Podemos decir que hacemos memoria de Jesús cuando, celebrando la Eucaristía, vamos progresivamente dando, ofreciendo nuestra vida a Dios en el servicio a la humanidad.
Mi hermano Domingo
27 abril – 27 mayo. Un beso grande para tí, hermano. ¡Descansa en la paz eterna!

La dulce y confortadora alegría de evangelizar
El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás.
La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás».
Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión» (La alegría del Evangelio 9-10).
¡Feliz Domingo de la Santa Trinidad!

