NAVIDAD

Navidad es la celebración de la manifestación humana, visible de Dios. Él se hace uno de nosotros. Misterio de los misterios, que se acoge en la fe y en la confianza que nos da su palabra.

En estos días de preparación navideña, dos elementos han llegado a mi pensamiento. Los comparto. El primero es mirando la genealogía de Jesús, sus antepasados que se pierden en el tiempo. Él se encarna, nace en una historia familiar, en un pueblo que espera el Mesías, aquel que lo liberaría de toda opresión.

Y a partir de él sigue la historia de la salvación, que se abre ahora a la universalidad de los diferentes pueblos que habitan la Tierra.

Me da alegría pensar que yo también formo parte de este pueblo querido y amado por Dios. Un pueblo que tiene una historia grande de presencia de Dios, y al mismo tiempo una responsabilidad, la de seguir transmitiendo a las generaciones presentes y futuras la Vida que ha recibido. Es algo grande, fruto del nacimiento de Jesús, “Dios que salva a la humanidad”.

El segundo es la manera cómo Dios se presenta entre nosotros. Los diferentes pasajes bíblicos, y en particular los evangélicos, nos hablan de una presencia inesperada. Dios se presenta en quien menos se podría esperar. De ahí que veo la importancia de estar abiertos a la sorpresa de Dios en nuestras vidas. La experiencia nos va diciendo que hay poco de programación en esto. Dios entra, toca el corazón, mueve los sentimientos, y te dice: “cuento contigo”. ¡Algo grande y maravilloso! Dejarse sorprender por Él, disponerse para que pueda tocarnos cuando lo vea conveniente y oportuno. Y seguir así escribiendo la historia de la salvación.

¡Feliz Navidad!