El Señor piensa en mí

Estaba esta mañana leyendo el salmo 40 cuando hacia el final encuentro esta frase: “El Señor piensa en mí” (Sal 40.18). Me he quedado en silencio, pensando en lo que estaba leyendo, sin decir nada. Pasado un rato, logro intuir el significado encerrado en esta expresión. El Señor piensa en mí, como lo hace con cada ser humano, se interesa por mi situación personal, por lo que estoy viviendo, por mis preocupaciones, por mis anhelos y deseos … Nada mío es ajeno o extraño a Dios.

Y al pensar en mí, Dios me está iluminando, me abre horizontes, me da confianza y serenidad, me dice que me acompaña, que me guía … Puesto que está conmigo, ¿por qué he de temer algo? Me vienen a la mente las palabras que encontramos en 1 Jn 4,18: “Quien vive en el amor de Dios no tiene miedo. Antes bien, el verdadero amor desaloja el miedo”.  

Es algo muy grande, que va más allá de lo que puedo comprender con mi pobre razón humana. Esta manera de revelarse de Dios, tan cercano, tan humano, tan atento, con tanto cariño, amándome y queriéndome, acompañándome en mi vida diaria … me deja sin palabras, me quita todas las barreras proteccionistas que me voy inventando, y con ternurame desafía, como un día Jesús lo hizo con Pedro:

Jesús les dijo: —¡Animaos! Soy yo, no temáis. Pedro le contestó:  —Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti. —Ven, le dijo. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir el viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó: —¡Señor, sálvameAl punto Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Cuando subieron a la barca, el viento amainó. Los de la barca se postraron ante él diciendo: —Ciertamente eres Hijo de Dios”. (Mt 14,27-33)

El Señor piensa en mí”. ¡Feliz quien, como un niño pequeño en los brazos de sus padres, acoge estas palabras como verdaderas y se deja guiar por ellas!

¡Feliz Domingo!