Considero que mi vida es una historia sagrada, en el sentido que me siento conducido por Dios. Un día, en Camerún, estaba viajando en autobús de Douala a Bafoussam, a unos cincuenta km antes de llegar a la destinación hubo un pinchazo en una de las ruedas. Cierto nerviosismo, algunas voces se empezaban sentir, a gritar en voz alta. De pronto una voz diferente se oyó: «Todo es gracia de Dios, bajemos del autobús y esperemos a que la reparen». Para mi sorpresa, enseguida se hizo silencio y comenzamos a bajar. Y el ambiente cambio completamente, quien reía, quien gastaba una broma, quien comentaba tal o tal hecho, quien saludaba… hasta yo el único blanco fui invitado por un viajero a tomar algo en el bar de al lado. De ese día saqué una lección muy grande: como es importante tener presente a Dios. No es lo mismo creer en Dios que no creer, contar con El que no contar. No es lo mismo.
Comparto esto por la experiencia vivida ayer. Nunca podía imaginar que en este Capitulo General en el que estoy participando mis compañeros capitulares pensasen en mi como nuevo padre general de nuestra familia javeriana. Y sin embargo eso es lo que ha sucedido. La historia de mi vida es sagrada, Dios me acompaña y guía. He acogido esta decisión capitular como la llamada e invitación del Señor Jesús a amarle y servirle en nuestra familia javeriana que está en la Iglesia al servicio del reino de Dios. En el fondo, fondo, todo es gracia de Dios.


