¡No llores!

Lc 7,11-17. Acercándose a Naim, Jesús ve el entierro de un joven. Se interesa por él. Le dicen que es hijo único de una mujer viuda. Inmediatamente siente compasión por esta mujer. Se acerca y le dice: ¡No llores!

Jesús abre los ojos, los oídos y el corazón. De ahí salen las palabras que dan vida.

Palabra y vida. Ojos para ver, oídos para oír, corazón para sentir y ponerse en la piel del otro, boca para dar palabras de consuelo y manos para ayudar.

Ejercicio en este día: me dejo interpelar por la situación de sufrimiento que viven personas que veo con mis ojos y escucho con mis oídos. Doy una palabra de consolación y de vida al menos a una persona que lo necesita en este día.

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