Lc 9,46-50. Jesús y los discípulos, caminan juntos pero lo que hay dentro es diferente. El poder es el poder. No pueden escapar a esta gran tentación. Jesús les dice claramente que la grandeza delante de Dios es servicio y humildad.
Y otra tentación más. Creer que el bien es propiedad exclusiva del grupo. También aquí Jesús les enseña a tener una mirada amplia, a reconocer el bien allí donde se realiza sin tener prejuicios o ideas discriminatorias. El bien es el bien, no importa de donde venga.
Palabra y vida. La tentación del poder está ahí. Alejarse de ella haciendo simplemente lo que hay que hacer sin ostentación, porque sencillamente esa es la manera de ser de Dios.

Y la tentación del exclusivismo, de poner y cerrar fronteras, de nosotros (los buenos y justos) y los otros (los mediocres e injustos). Cuánta libertad nos da el Evangelio: saber reconocer las semillas del reino de Dios allí donde están por encima de ideologías, creencias, diferencias culturales o religiosas.
Ejercicio en este día: hago mi trabajo lo mejor que puedo, con humildad y agradecimiento a Dios por poder hacerlo. Al mismo tiempo abro los ojos para ver y agradecer el bien que están haciendo personas diferentes a mí en cuanto a cultura, lengua, religión…

