Si le preguntase: ¿quién es usted? ¿qué
me respondería?
Soy entrenador
de baloncesto en la Escuela.
¿Y si le quitasen ese trabajo?
Soy
también profesor de Historia.
Bien. Y si le quitasen también eso, ¿usted
es…?
Bien. Yo
soy también un esposo y un padre.
Bien, espero de todo corazón que no le quiten
eso. Pero si fuese el caso, ¿quién es usted?
Me
resulta difícil entender este juego…
No es un juego. Responda: ¿quién es
usted?
Soy
blanco, americano y de sexo masculino.
(se ríe). Sí, eso es cierto. ¿Hay algo
más?
Bien.
Soy cristiano.
¿Qué quiere decir eso?
Que soy
un discípulo de Cristo.
¿Y es importante para usted?
Sí, muy
importante.
Interesante. ¿Por qué está al final de
su lista?
No, estuvo
mal. Podría haber dicho fácilmente ‘cristiano’ primero …
Sí, pero usted no lo ha hecho. Escuche,
John. Su identidad está necesariamente vinculada a lo que le das a tu corazón.
No creo que el Señor tenga el primer lugar…
Ah,
¿usted cree que yo soy un mal cristiano?
Permítame de ser franco. La última vez
que lo he visto, usted ha dicho que oraría por mí. ¿Lo ha hecho?
No.
No… Usted es una persona que conoce al
Señor y que obra como si lo ignorase. Entonces, yo me pregunto: ¿qué ha elegido
usted para definirse/decir quién es? Cuando usted ha perdido su equipo, usted
no sólo ha estado triste. Usted ha sido aniquilado/destruido. Algo, o una persona
ocupa el primer sitio en nuestro corazón … Pero
cuando uno encuentra su identidad en Aquel que nos ha creado, miramos las cosas
de una manera completamente diferente