Mc 1,9-11. Recuerdo el momento en el que el Espíritu Santo me abrió el entendimiento para comprender lo que realmente significa el Bautismo de Jesús y, por consiguiente, mi propio bautismo. Comprender y acoger con asombro y agradecimiento estas palabras sobrecogedoras: “Fernando, tu eres mi hijo a quien amo profundamente”.
Gracias, Padre, por darme la vida, y en ella la invitación a colaborar contigo, mano en la mano, en la realización de tu proyecto de amor para nuestro mundo.

