Lc 18,15-20. La comunidad cristiana, como todo grupo humano, está compuesta de hombres y de mujeres de carne y hueso. Jesús da algunas indicaciones prácticas cuando el mal entra en la Iglesia. Ante todo hay que ser muy humilde, pues el mal que tu hermano puede hacer hoy, mañana puedes ser tú quien lo hagas. En segundo lugar, a partir de la caridad y misericordia, hay que intentar ganar de nuevo al hermano que se ha dejado conducir por el mal. Nunca cerrarle las puertas.

Palabra y vida. El mal es siempre causa de tristeza, por el enredo que causa en las relaciones interpersonales. Hay que luchar contra él con todos los medios que tenemos a nuestro alcance: Jesús, su Palabra, el Espíritu y una buena dosis de humanidad. Al mismo tiempo, amor incondicional a la víctima del mal.
Ejercicio para este día: Restablecer la relación con una persona que me ha hecho mal. Orar por situaciones difíciles de relación entre personas conocidas.

