El testimonio de Noé Niyigena – ‘Dios decide’

«Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento.  Los discípulos le preguntaron: —Rabí, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres?  Jesús contestó: —Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido para que se revele en él la acción de Dios» (Jn 9,1-3).

  • «-‘Dios, tu eres bueno, y porque eres bueno me has creado tal como soy‘. En ese mismo momento, comprendí que Dios tenía un proyecto de amor para mí. Y comprendí que  Él esperaba algo de mí».
  • ‘Él ha venido a esposar mi vulnerabilidad’.
  • ‘Jamás en mi vida je ne podré dudar más de la bondad de Dios’.
  • ¿Por qué no he querido ponerme las prótesis? Por dos razones. La primera, porque mi cuerpo está hecho así. La segunda, porque si me pusiera las prótesis, diría a Dios: ‘Dios, tú has cometido un error creándome tal como soy’. Eh bien, yo he comprendido que Dios nunca comete errores’.

https://youtu.be/0HjPD7rjPZg

Un hombre que llevaba treinta y ocho años paralizado

Jn 5,1-16. Jesús se acerca a la piscina Betesda. Ve a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, paralizado, sin poder moverse. Quería curarse, pero no podía, lo intentaba de nuevo y no lo lograba. Jesús simplemente le dice: “¿quieres sanarte?”. Imaginamos la respuesta completa del hombre: “no me ves cómo estoy; claro que sí, pero no puedo por mi propia cuenta y no hay nadie que me da una mano. Aquí cada uno busca su propio interés, nadie se preocupa de mí”. Jesús responde al deseo profundo de su corazón: “Levántate, toma tu camilla y camina”. “Al punto se sanó, tomó su camilla y echó a andar”.

Es una escena que puede reflejar muy bien la situación de quien arrastra desde hace años, quizás muchos, ciertas parálisis espirituales y humanas, que deforman la belleza del proyecto creador de Dios. Parálisis en los pensamientos, en las palabras, en las acciones, en las actitudes, en los sentimientos.

Ha intentado, ha luchado, ha vuelto a intentarlo, pero sigue en la misma situación, y puede que hasta haya empeorado. Y al final, con el peso del cansancio, de los años, de los intentos vanos, se adapta a vivir en esa situación penosa, miserable ‘a los ojos de Dios’.

Y en todo esto, Jesús pasa por ahí, sigue pasando. No necesita que se le diga gran cosa, ve la situación, la conoce. Sólo espera que surja el deseo y la voluntad de dar un paso adelante.

Al final una palabra de vida: “No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor”.

El desierto de la vida

Lc 4, 1-13. Primer Domingo de la Cuaresma. Después de sus muchos años en Nazaret, Jesús va hacia el lugar donde Juan se encuentra bautizando. Había mucha gente que acudía a él.  Jesús, como uno mas del pueblo que alberga la esperanza de un cambio, entra en la cola de espera y recibe el bautismo. Con este paso, la puerta de su vida se abre para acoger el don del Espiritu Santo. En ese mismo momento, una voz venida del cielo revela su identidad: “Tu eres mi Hijo amado y querido, a quien he elegido“. A partir de ahora, Jesús es la manifestación plena de la divinidad, Padre, Hijo y Espíritu.

Y en Jesús, en su interior, comienza el combate entre el proyecto del reino de Dios y la mentalidad humana, terrestre. El Espíritu Santo lo guía y conduce. Y de golpe, entra en el desierto de su vida. En un momento concreto siente hambre, hambre de manipulación, de engaño, de poder, de apariencia, de obviar las dificultades, de pisotear los principios, de pasar por la tierra sin poner los pies en el lodo de la historia humana. Tentaciones fuertes, cuyo objetivo es que caiga en la contradicción de si mismo, que niege con sus opciones de vida su propia identidad.

Y, sin pensarlo, como una reacción instintiva, sale de lo mas profundo de si el tesoro acumulado, hecho carne de su propia carne: la palabra de Dios. No tiene otra fuerza para luchar contra el mal. Solo la palabra de Dios. Y con ella vence la tentación de caer en la nulidad de una vida centrada en si mismo. Es sólo el principio. Y sigue caminando.

Feliz tiempo de cuaresma!

El jardín interior

Mc 7,14-23. Cuando se habla del “corazón” humano, me gusta utilizar la imagen del jardín. Quien ama el jardín, lo cuida con mucho detalle. Es como si todo estuviese programado: las semillas que se siembran, las plantas que crecen, las flores que aparecen, el césped que da suavidad… Lo que no embellece, se quita y se tira fuera.

El “jardín interior” debe de ser cuidado de la misma manera. Da los frutos de las semillas que se siembran. Si son buenas, dan frutos buenos, deliciosos, espléndidos, maravillosos; esos que invitan a la contemplación. Si, por el contrario, las semillas no son buenas, si no han sido seleccionadas, el jardín interior no atraerá la atención, se pasará al lado de él ignorándolo. Nadie hablará bien de él.

Cada uno es el jardinero de su jardín interior. La boca habla de lo que hay dentro.

El mal deshumaniza

Mc 5,1-20. La escena se pasa en la región de los Gerasenos. Jesús se encuentra con un hombre poseído por el mal. La descripción que el evangelista hace de esta persona (habitaba en los sepulcros, nadie podía sujetarlo, ni con cadenas, se pasaba las noches y los días dando gritos e hiriéndose con piedras) da una idea de la situación interior que está viviendo. El encuentro con Jesús lo devuelve a la vida, recuperando así la dignidad perdida (estaba sentado, vestido y en sus cabales).

Este hecho me conduce a una reflexión muy sencilla: el mal en todas sus manifestaciones, desde las más pequeñas a las más grandes, ya sea en las palabras, en los pensamientos, en las miradas, en los hechos…, deshumaniza al ser humano.

Una vez sanado, le pide a Jesús de poder seguirlo. Pero Jesús no se lo permite, lo envía entre los suyos para que les cuente lo que el Señor ha hecho de bueno en su vida. Y es lo que hace.

HOY

Lc 4, 21-30. Jesús está en Nazaret, es el día del sábado y como tenía la costumbre va a la sinagoga. Le dan el libro del profeta Isaías y lee una parte. Al terminar de leerla dice: “Hoy, en presencia vuestra, se ha cumplido este pasaje de la Escritura”.

Quiero subrayar la reacción de los paisanos de Jesús. La primera es positiva, de admiración por las palabras que salían de su boca. La segunda es de preguntarse por el origen de Jesús, lo conocían, sabían de donde venía y quien eran sus padres. Diciendo esto anulan la fuerza de su enseñanza. ‘Puesto que sabemos quién es y de donde viene, qué puede enseñarnos’. Detrás de esta reacción está ese pensamiento perverso de cierta superioridad, que impide abrirse a la novedad.

Veo que es algo que sucede a menudo entre los humanos. Los prejuicios, las ideas preconcebidas, los pensamientos ya hechos… impiden a menudo acoger la novedad que viene de quien quizás menos esperamos. Es la actitud de quien encerrándose en sí mismo es incapaz de reconocer la grandeza que ese otro está comunicando. Y así se van perdiendo ocasiones.

Fraternalmente.

 

2019, Nuevo año

Estamos empezando el nuevo año 2019. Comparto dos sentimientos que anidan en mi interior. El primero, es el agradecimiento. Dar gracias a Quien me ha dado la posibilidad de vivir, de comenzar un nuevo año. Reconozco que todo lo que soy parte de ahí, de un don. Todo lo que soy y tengo proviene de ese gran regalo que es la vida. Todo, absolutamente todo. Vida física, espiritual, cualidades, posibilidades, esfuerzos, ilusiones, sueños, compromisos, fraternidad, vida consagrada, ministerio presbiteral, familia natural y religiosa, Iglesia, vida misionera…

El segundo, es la consecuencia del primero. Todo lo que soy es un don que lo recibo para ser don. El don, por su propia naturaleza, pide ser don. Jesús nos dice que no se enciende una lámpara para esconderla, sino para que ilumine. Es esa su finalidad. Tampoco se recibe un don para esconderlo debajo de la tierra, sino para que se multiplique, para hacerlo multiplicar. El don comporta empeño, amabilidad, generosidad, acogida, brazos abiertos, pies ligeros, sonrisa, olvido de sí mismo, mirada fraterna, manos solidarias, mente positiva, esperanzadora, superación de los obstáculos… Y este don se vive en el marco, en el proyecto de quien es DON por naturaleza.

¡Te deseo un feliz año nuevo 2019!

Fraternalmente,

Fernando García, sx