Todo es gracia de Dios

Considero que mi vida es una historia sagrada, en el sentido que me siento conducido por Dios. Un día, en Camerún, estaba viajando en autobús de Douala a Bafoussam, a unos cincuenta km antes de llegar a la destinación  hubo un pinchazo en una de las ruedas. Cierto nerviosismo, algunas voces se empezaban sentir, a gritar en voz alta. De pronto una voz diferente se oyó: «Todo es gracia de Dios, bajemos del autobús y esperemos a que la reparen». Para mi sorpresa, enseguida se hizo silencio y comenzamos a bajar. Y el ambiente cambio completamente, quien reía, quien gastaba una broma, quien comentaba tal o tal hecho, quien saludaba… hasta yo el único blanco fui invitado por un viajero a tomar algo en el bar de al lado. De ese día saqué una lección muy grande: como es importante tener presente a Dios. No es lo mismo creer en Dios que no creer, contar con El que no contar. No es lo mismo.

Comparto esto por la experiencia vivida ayer. Nunca podía imaginar que en este Capitulo General en el que estoy participando mis compañeros capitulares pensasen en mi como nuevo padre general de nuestra familia javeriana. Y sin embargo eso es lo que ha sucedido.  La historia de mi vida es sagrada, Dios me acompaña y guía. He acogido esta decisión capitular como la llamada e invitación del Señor Jesús a amarle y servirle en nuestra familia javeriana que está en la Iglesia al servicio del reino de Dios. En el fondo, fondo, todo es gracia de Dios.

 

La fe, don y tarea

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» El principal elemento de fuerza que tenemos es Jesús, su presencia. 

Y la principal debilidad es la desconfianza, el miedo, las dudas que nos paralizan: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

Palabra y vida: «ayúdame Señor a estar contigo, hablar, dialogar, poder compartir mi vida, las inquietudes,  ideales,  miedos,  dudas… porque es haciendo todo ello que mi fe se robustece, que tu puedes guiarme y conducirme».

  • Ejercicio en este día: tener un rato de diálogo con el Señor.

Vivir para amar

Jn 12,24-26. San Lorenzo, mártir. El martirio nos habla de una vida entregada hasta derramar la sangre por el Evangelio. No se busca el martirio, se vive el Evangelio con todo el corazón, con toda el alma, con toda la inteligencia y con toda la fuerza. Y todo ello porque se ama al Señor de una manera total y exclusiva, siendo la respuesta a una experiencia de amor que nos precede y nos acompaña.  Un día, sin haberlo preparado ni buscado, el Señor apareció en mi vida, me hizo confianza y me invitó a seguirlo. El martirio es la consecuencia de ese encuentro.

«Un grano de trigo se queda en un solo grano si no se entierra en la tierra y muere. Pero si muere produce muchos granos. «¡Ayúdame, Señor, a morir a mí mismo para poder dar los frutos que Tú quieres que dé!».

¡Señor, ayúdame!

Mt 15,21-28.  «¡Señor, ayúdame!«. Es el grito desesperado de una mujer cananea  a Jesús, pero al mismo tiempo es un grito confiado. Cree que Jesús puede ayudarle. Es todo.  Y Jesús le ayuda: «Cómo es grande tu fe; que te suceda como deseas».

Me sucede a menudo. Situaciones difíciles donde no veo una salida. La confianza en el Señor me ayuda a abrirle mi corazón.  El solo hecho de decirle lo que me sucede, me lleva a la paz y me trae serenidad. Sé en quien he puesto mi confianza. Tarde o temprano, la respuesta llega.  Eso si, no siempre como he imaginado.

 

LA ALEGRIA DEL EVANGELIO

1. LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.

Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.

Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.

En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.

Dejarse acompañar y guiar por Jesús

Mt 14,22-36. No estamos solos. Jesús camina con nosotros. A veces las preocupaciones de la vida, las dificultades, las oscuridades, los momentos difíciles… nos hacen pensar que vamos por la vida sin nadie a nuestro lado. Basta levantar los ojos, y dejarse mirar por Quien está caminando delante de nosotros, con nosotros y detrás nuestro. Jesús sólo pide de hacerle confianza. Lo demás sobra.