La hipocresía

Lc 12,1-7. Jesús hace una llamada particular a sus discípulos sobre el peligro de la hipocresía. Utiliza la imagen de la levadura que ayuda a fermentar la masa con la que se hace el pan.

Palabra y vida. Lo mismo pasa con la hipocresía, basta un poquito para echar a perder la belleza de la vida.

Ejercicio en este día: hago un compromiso conmigo mismo de alejarme con todo mi ser de la tentación de la hipocresía, de aborrecerla profundamente. Se lo pido al Señor.

Jubileo ordenación sacerdotal

¡50 años de vida sacerdotal misionera en la familia javeriana!

Este fin de semana he estado en nuestra casa madre de Parma acompañando a nuestros compañeros que celebran en este mes el jubileo de las bodas de oro de la ordenación sacerdotal. Fueron ordenados en octubre de 1967 por Mgr Gianni Gazza, superior general en ese momento.

Eran 31, once de ellos ya están en la casa del Padre, nueve dejaron la vida sacerdotal javeriana. El resto están sirviendo a la misión en los diferentes países donde nos encontramos. Este fin de semana han sido seis los que se han podido reunir juntos. Algunos de ellos no se veían desde entonces. Michelangelo, debido a la enfermedad que le acompaña desde hace años, ha podido participar sólo a la Eucaristía del sábado.

Han sido tres días vividos con mucha sencillez y fraternidad en comunión con la comunidad de la casa madre. Retiro espiritual, compartir con los compañeros javerianos enfermos y ancianos, celebración eucarística en la capilla de la casa madre donde fueron ordenados, encuentros personales y para concluir visita al santuario de la Virgen de Fontanellato, de tal feliz recuerdo para la vida de nuestro padre y fundador san Guido Maria Conforti

Muchos recuerdos, un compartir muy bonito y profundo de lo más señalado de estos cincuenta años. Mucho amor y reconocimiento por todo lo que el Señor ha podido hacer de bueno y de grande a lo largo de todos estos años, por tantas personas que en los diferentes continentes  donde han vivido y siguen viviendo han acogido la gracia de la vida cristiana.

Para mí ha sido un regalo poder compartir con ellos estos tres días. Les digo gracias por el testimonio de vida consagrada misionera en nuestra familia javeriana a lo largo de todos estos años, por el bien que han hecho y que seguirán haciendo con la ayuda del Señor y de todos los que seguimos al lado de ellos.

¡Gracias!

Sé valiente, la misión te espera

Pregón del DOMUND  2017 pronunciado por Luz Casal

Excmos. y Rvdmos. Sres. Obispos; Sr. Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, D. Anastasio Gil García; autoridades; misioneras y misioneros; señoras y señores; queridos todos: buenas tardes.
Agradezco de todo corazón que me hayan invitado a estar aquí, en esta Catedral que tanto significado tiene en mi vida, y que durante unos minutos capte su atención con estas palabras que a continuación les voy a leer.

Intro
Mujer y cantante, es mi voz la de una católica poco practicante, pero con unas raíces tan profundas, y una memoria tan ligada a la historia y a las celebraciones de la Iglesia católica, que muchas veces tengo la sensación de ser una buena cristiana.

Para hablar sobre las misiones y la celebración del Domund en este año 2017, he pensado hacerlo como si de una canción se tratara, haciendo este sencillo pregón que lleva el título «Sé valiente, la misión te espera», y con una estructura que contiene esta pequeña introducción, seguida de una estrofa, después un estribillo, una segunda estrofa, estribillo, interludio o puente para llegar al final, con el último estribillo.

Primera estrofa
Aprendemos a convivir con la injusticia y la desigualdad, sin apenas advertirlas, como si nuestro cerebro estuviera envuelto en brumas, y nuestro corazón anestesiado por un consumismo que satisface los deseos inmediatos y efímeros y por el hedonismo, tan bien considerado, provocando con ello indiferencia y despotismo, que embrutecen y monopolizan nuestros sentimientos. Aun así, no conformes, vamos añadiendo pesados fardos de temores, egos y miedos, haciendo cada día la costra más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de la pobreza que nos humilla.

Cada vez es más difícil dejar de ser pobre, y la situación se enquista por las carencias del sistema de protección y de las ayudas, por la precariedad laboral y el desigual reparto de la riqueza.

La vida es un combate constante entre dos fuerzas: por un lado, están aquellos que son capaces de comportarse ordinariamente de manera inhumana, y en el otro lado, en el otro bando, están los «soldados» o misioneros que, aun conociendo la derrota y el desengaño, saben sobreponerse y con sus actos reparar el daño causado por los primeros, a la vez que siembran nuevos caminos con semillas que germinarán en los corazones de los desfavorecidos, hasta llegar a la victoria.

Cuando el tiempo se contabilizaba para mí de otra manera, las imágenes de unos niños felices de piel oscura, que por primera vez vieron mis ojos en el salón de actos de mi colegio, fueron el primer contacto que tuve con el Domund. Después de ver ese documental, rodado en paisajes muy alejados y distintos, las Hermanas Doroteas nos explicaron el significado de muchas palabras, entre las que destacaban por su reiteración misericordia y caridad, virtudes y valores que deberíamos incorporar a nuestras incipientes vidas, según nos dijeron, a partir de ese momento. Esa lección puso las bases, y fomentó en aquel grupo de niñas, nuestra futura predisposición a echar una mano al necesitado.

Hoy día nos cuesta pronunciar palabras como caridad, siendo esta una virtud superior de la moral cristiana que ha perdido significado en estas tres o cuatro últimas décadas. -Las palabras también están a merced de la moda, se desgastan, pierden protagonismo e importancia-.

En algún momento de nuestra vida diaria tendremos que tender la mano al náufrago, como dijo e hizo hace pocos meses el presidente de la ONG «Sea Eye», «Ojo de la mar», quien defendió que «ayudar ante el peligro es el deber de cualquier persona que esté en el mar, sin distingos a su origen, color, religión o convicciones»; y para que ese «náufrago» pueda continuar su travesía, necesitamos dedicarle unos minutos como los que algunos dedicamos a nuestros abdominales y glúteos, u ofrecer un donativo que no supondrá un gasto mayor que un botecito de crema antiarrugas o una hidratante de manos.

Un esfuerzo mínimo, semejante al que hacen algunas adolescentes al lanzar sin ton ni son besos al aire.

Estribillo
 La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Segunda estrofa

Los misioneros
Son esos seres elegidos para soportar las dificultades. Bravos y obedientes hijos dotados de paciencia y fortaleza. Benevolentes con las debilidades. Ejemplos de resistencia moral. Muestran diariamente cómo la compasión activa está en las entrañas de su misión y va más allá de la solidaridad.

Sin patrias ni banderas, abandonan el proyecto de vida propia, orientada hacia su propio interés, por una comunión fraterna. -La libertad no es mayor cuando se puede hacer lo que a uno se le antoja, sino cuando se elige lo bueno, lo bello y lo verdadero, aun cuando esa decisión comporte el sacrificio de uno mismo por un bien mayor-.

Héroes anónimos, que en sus viajes al infierno acaban por alcanzar el cielo al juntar con ternura sus manos a otras manos. Estos cerca de 13.000 misioneros españoles están dispuestos y se empeñan en cruzar medio planeta para poner en práctica y materializar su idealismo, saliendo de la comodidad de nuestro mundo cotidiano, para escuchar el latido del dolor de los perseguidos, de los pordioseros y marginados, llegando incluso a arriesgar la propia vida -que es una de las expresiones más bellas y desinteresadas- para ofrecerles un chispazo de esperanza y aportar dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado, cuando no aniquilado.

En estos casi cien años de celebración del Domund, la labor hecha por los misioneros está rodeada de silencio, y aun así no falta la alegría en su misión, a pesar de que puedan tener el pecho descarnado por muchas ausencias, o porque hayan tenido fisuras en su integridad o propósitos a causa de sus dudas, que no son otra cosa que la consecuencia inherente a la honestidad. Si preguntáramos a cada uno de ellos por su labor, seguro que nos dirían que todo lo que hacen o han hecho merece la pena. ¡Merece la pena el alivio de un paño caliente ante el espanto, sacando a los desfavorecidos de las sombras de la guerra, el terror, el odio fratricida o el hambre que padecen más de 800 millones de personas!

Tenemos confianza en la ciencia, en la razón, en la cultura y en el poder que da el progreso desde el siglo XVIII, pero eso no debiera impedirnos creer en la misericordia que llega a través de la fe. Muchas veces las respuestas no están en la profundidad del saber, porque ni siquiera el avance de la ciencia detiene la miseria.

Somos una nación antigua, que ha vivido con la alegría de ser cristiana, una doctrina profunda del humanismo; una nación que abrió las puertas a la evangelización, y, a través de ella, nos hemos unido a gentes de otros pueblos, conociendo sus culturas y religiones, insertados en sus costumbres y tradiciones, aceptando de manera natural que las verdades absolutas generan dolor y que llevar la fe a otros destinos no debe tener como objetivo el dominio. Con la distancia que imponen los siglos, hemos ido dando la espalda al trabajo espiritual, que podría considerarse como un eco que se anticipara a la voz.

El novelista Javier Cercas, en su libro El monarca de las sombras, dice refiriéndose a su madre que «habita todavía en un mundo con Dios»; somos muchos los que vivimos con esa presencia que nos ampara ante la oscuridad y nos ofrece una iluminación que avanza.

Para que triunfe el mal, lo único necesario es que las personas buenas no hagan nada para evitarlo, y en la vida solo hay dos opciones ante los problemas: esperar a que otros los solucionen o poner de tu parte para solucionarlos; esta última opción es la que habéis elegido los misioneros, religiosos y seglares.

Laicos y cooperantes también ponen su esfuerzo personal, conocimiento profesional y aporte económico a través de distintas organizaciones, como por ejemplo «Acción contra el Hambre», «Save the Children», «África directo», «Aldeas Infantiles», etc.

Un grupo de personas, a través de nuestro Festival de La Luz que se celebra a pocos kilómetros de aquí, en el Concello de Boimorto, hemos podido conocer el trabajo de algunas de esas organizaciones, a las cuales ha ido a parar la recaudación total de las entradas de cada edición del Festival, como por ejemplo «Oxfam Intermón», «Banco de Alimentos» o «Médicos sin Fronteras». También hemos sido testigos hace pocos años de la labor ingente de la fundación Vicente Ferrer en la India, en una de las regiones más pobres del país, Anantapur, en el estado Andhra Pradesh.

Para cerrar esta estrofa dedicada a los misioneros, quiero destacar la labor evangélica y social de las Obras Misionales Pontificias.

Estribillo
La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Puente
La bondad, esa virtud que algunos tienen y que, según dicen los especialistas en neurociencia afectiva, se encuentra en la base de un cerebro sano, hace que los poseedores de esa gracia perciban las cosas de otra manera. Mientras muchos hacen ruido, unos pocos, con sus acciones calladas y generosas, dan ánimos a los que parece que hubieran cometido el pecado de existir, sea en Siria, Sudán del Sur, Yemen o en cualquiera de los más de 33 países con gravísimos conflictos.

Ser bueno es el más sutil de los egoísmos, porque serlo te recompensa con el placer de la felicidad y alivia tu ansiedad como individuo gracias a la buena conciencia que recibes cuando haces una buena acción. Por eso yo creo que la colaboración solidaria debería estar siempre de moda.

Estribillo
La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Permítanme añadir una pequeña coda:
Gracias a todos los misioneros presentes por enseñarnos con sus obras que el más insignificante acto de amor puede abrazar a la humanidad herida.

La alegría del Evangelio

6. Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo.

Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias: «Me encuentro lejos de la paz, he olvidado la dicha […] Pero algo traigo a la memoria, algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan. ¡Grande es su fidelidad! […] Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor» (Lm 3,17.21-23.26).

María escogió la mejor parte

Lc 10,38-42. Jesús entra en casa de unos amigos. Marta quiere recibirlo bien y se pone a trabajar para ofrecerle algo de comer y de beber. María, su hermana, prefiere sentarse a sus pies para escucharlo. Esto no es del agrado de Marta que llega a interpelar a Jesús. Para sorpresa de ella, Jesús alaba la actitud de María: “Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán”.

Marta, con toda su buena voluntad, representa a la persona que se desvive por los demás, pero sin dar la importancia y el tiempo necesario al encuentro personal con Jesús. Vive para los otros. Es una gran tentación.

Cuando esto sucede, normalmente la persona se descentra, se pone nerviosa, va perdiendo el ímpetu y la serenidad. Y termina por ni vivir ni dejar vivir, a menudo haciendo insoportable la vida a los demás. Otras veces, se vuelve todo críticas negativas. Muchas de estas personas abandonan el camino de la fe o se refugian en una mediocridad gris.

Todo ello porque se ha ido dejando de lado la fuente de “donde mana y corre el manantial de agua viva”, en palabras de san Juan de la Cruz.

Palabra y vida. La vida cristiana tiene su raíz y fundamento en Jesús. De ahí que lo que da sentido y profundidad a esta vida es la relación personal que se establece con el Maestro. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI).

Ejercicio en este día: leo la Exhortación Apostólica del papa Francisco, La Alegría del Evangelio, nº 1-8.

El prójimo

Lc 10,25-37. Un letrado para poner a prueba a Jesús le hace una pregunta sobre lo que es esencial en la vida del creyente: “¿qué es lo que tengo que hacer para heredar la vida eterna?”.

La respuesta más sencilla es la que él mismo conoce: amar al Señor con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Pero eso no le satisface completamente y queriendo justificarse le pregunta: “¿y quién es mi prójimo?”. Jesús le responde con un ejemplo de la vida diaria: la parábola del samaritano. Al final invierte la pregunta: “¿quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?”. Ahora es el mismo letrado quien da la respuesta: “el que lo trató con misericordia”.

Y Jesús concluye diciéndole: “Ve y haz tú lo mismo”. Así de sencillo.

Palabra y vida. El camino de la vida eterna es el prójimo. No hay otro.

Ejercicio en este día:

estoy atento al prójimo que necesita mi presencia a su lado.

Jesús, piedra angular del nuevo pueblo de Dios

Mt 21,33-43. Una nueva parábola sobre el reino de Dios que Jesús dirige a los sacerdotes y ancianos del pueblo. Un propietario que cultiva una viña con todo el esmero para que dé buenos frutos y la confía a los viñadores. Llegado el momento de la cosecha envía a los criados para que recojan el fruto que le corresponde. Los viñadores, olvidando que la viña no es de ellos, los rechazan. Envía a su hijo pensando que al menos a él lo acogerán. Pero no fue el caso. Lo matan para quedarse con la herencia.

¿Qué hará el propietario?, les pregunta Jesús. Pues lo que uno puede imaginar. Les quitará la propiedad de la viña y se la confiará a otros que darán el fruto a su debido tiempo.

Es una parábola que habla de la historia de la salvación. Jesús, que no ha sido acogido por el pueblo de Israel, se convierte en la piedra angular del edificio del nuevo pueblo de Dios. A partir de Jesús el reino de Dios se abre a todas las personas, independientemente de la nacionalidad, origen, condición social, lengua o religión. El criterio de pertenencia no es la identidad nacionalista sino los frutos que da.

Palabra y vida. El reino de Dios es un don destinado a dar frutos. No es una propiedad personal que yo puedo “gestionar” a mi manera. Jesús, su vida, sus palabras, sus acciones, es el fundamento principal del nuevo pueblo de Dios. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Quien acepta la invitación a colaborar y participar en el advenimiento del reino de Dios produce los frutos que le son propios.

Ejercicio en este día: manifiesto el agradecimiento al Señor produciendo los frutos propios del Espíritu de Dios: “amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio propio” (Gal 5,22-23).

El don de la alegría

Lc 10,17-24. Los discípulos y Jesús manifiestan un gran sentimiento interior: la alegría. Los primeros se alegran al ver el resultado de lo que hacen ellos mismos. Jesús, por el contrario, recibe la alegría como un don del Espíritu, que le permite ver allí donde los ojos humanos no llegan.

Palabra y vida. La alegría es uno de los grandes regalos del Espíritu. No se puede forzar. Es fruto de una actitud: dejarse guiar por Dios, vivir en la confianza cotidiana sin condiciones. “Es dando que se recibe, es olvidándose de sí mismo que uno se encuentra”.

Ejercicio en este día: intento compartir la alegría que Dios me regala de manera múltiple: escuchando, comprendiendo, estando atento a quien lo necesita, haciendo bien el servicio que se me encarga… «Señor, que allí donde haya tristeza, ponga yo alegría».

Treinta dos años

Los aniversarios de las fechas importantes de la vida nos ayudan a reconocer y agradecer lo que somos y vivimos. Hoy hace 32 años de mi primera profesión religioso-misionera en la familia javeriana. Fue en la parroquia de la Epifanía en Madrid, el 5 de Octubre de 1985, junto a Santi, Xavier y Pachi, compañeros de camino. Santi está junto al Padre desde el año 2000, Xavier y Pachi  tomaron caminos diferentes.

Un año más de gracia. Agradezco del fondo de mi corazón el haber conocido al Señor Jesús. Ha sido el mejor regalo, unido al de mi vida física, que he recibido a lo largo de mis 54 años. Entrar y permanecer en el misterio de Dios, con confianza, dudas e interrogantes. Por encima de todo, una gran serenidad y alegría interior de saberme amado en lo más profundo de mi ser por Quien me ha dado la vida.

Este último año lo he vivido entre Camerún y Chad, y en los últimos meses en Tavernerio y Roma. Acompañar a mis compañeros javerianos en sus vidas y tareas diarias, intentar animar, escuchar, comprender, orientar… para que cada uno particularmente y en comunidad pueda dar lo mejor que el Señor ha sembrado en sus corazones para ponerlo al servicio del anuncio del Evangelio. Es el servicio que me pidieron el 1 de Enero de 2016. Muchos viajes, kilómetros, muchas personas encontradas en el camino. Y un compañero fiel día y noche, como la respiración que me acompaña: Jesucristo.

Un momento de grande gracia en Mayo. Una mano que me sacaba del pozo profundo. Grité desesperadamente pero con mucha confianza e inmediatamente el Señor me salvó. ¡Alegría y agradecimiento infinito desde lo más íntimo de mí mismo!

Un acontecimiento inesperado: el Capítulo General. Y una elección aún menos esperada: el 14 de Agosto de 2017. Sentí una paz, serenidad y confianza que sólo podían venir de lo Alto. Por eso acepté.

Y ahora en Roma, el camino de mi vida continúa. Cada mañana, al levantarme, ofrezco mi vida al Señor y le pido en particular: “Dame, Señor,  en este día  tu gracia para que todos mis pensamientos, mis palabras, mis acciones, mi comportamiento y mis sentimientos tengan su origen en Ti y reciban de Ti la plenitud.”

Y recuerdo y deseo lo que dice san Pablo: “Dejad que Dios os transforme a través de un cambio completo de vuestra inteligencia. Así podréis comprender lo que es buenos, agradable a Dios y perfecto” (Rom 12,1-2).

¡Todo es gracia!

El misionero del evangelio

Lc 9,57-62. Tres personas y Jesús. Dos de entre ellos, el primero y el tercero, se acercan a Él separadamente y le manifiestan el deseo de seguirlo. El segundo, es Jesús mismo quien lo invita.

Al primero, Jesús le muestra el camino seguido por él mismo: poca seguridad material y mucha confianza en la providencia de Dios Padre.

Al segundo y al tercero, que antes de seguirlo quieren cumplir con un deber sagrado en relación a la familia, Jesús les hace comprender la radicalidad del reino de Dios.

Son palabras dirigidas al misionero del evangelio.

Palabra y vida. El misionero de Jesús, de su Evangelio, recorre el camino donde es enviado paso a paso, confiando en Él, sin seguridad material ni afectiva. La única y verdadera seguridad es su compañía. “Buscad el reinado de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Ejercicio en este día: pido al señor de la mies que envíe obreros a su mies. Oro por todas las personas que esperan y desean, consciente o inconscientemente, recibir el evangelio de la Vida.