Perdonar

Mt 18,21 – 19,1. Cuántas veces hay que perdonar?  Pedro le pregunta a Jesús. El perdón no viene naturalmente. Una palabra mal dicha, un gesto provocador, una mirada de desprecio, una acción violenta, rivalidad, celos, envidias… crean separación, distancia, fronteras… El perdón se aprende, pide reflexión. Cuando  me doy cuenta que también yo he hecho mal, que he ofendido, odiado y tantas otras cosas, es entonces que puedo comprender al que se encuentra en la misma dinámica.

Jesús nos enseña el camino del perdón, del saber acoger al hermano en su fragilidad, y ofrecerle lo mejor que tenemos: un corazón abierto y una mirada de compasión.

Palabra y vida. perdonar porque nos hace bien, nos ayuda a ser mejores, a vivir mas libremente, mirando al otro como un amigo, hermano y compañero de camino. 

Ejercicio en este día : Perdonar a una persona que me ha hecho mal.

 

La fe, don y tarea

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» El principal elemento de fuerza que tenemos es Jesús, su presencia. 

Y la principal debilidad es la desconfianza, el miedo, las dudas que nos paralizan: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

Palabra y vida: «ayúdame Señor a estar contigo, hablar, dialogar, poder compartir mi vida, las inquietudes,  ideales,  miedos,  dudas… porque es haciendo todo ello que mi fe se robustece, que tu puedes guiarme y conducirme».

  • Ejercicio en este día: tener un rato de diálogo con el Señor.

Vivir para amar

Jn 12,24-26. San Lorenzo, mártir. El martirio nos habla de una vida entregada hasta derramar la sangre por el Evangelio. No se busca el martirio, se vive el Evangelio con todo el corazón, con toda el alma, con toda la inteligencia y con toda la fuerza. Y todo ello porque se ama al Señor de una manera total y exclusiva, siendo la respuesta a una experiencia de amor que nos precede y nos acompaña.  Un día, sin haberlo preparado ni buscado, el Señor apareció en mi vida, me hizo confianza y me invitó a seguirlo. El martirio es la consecuencia de ese encuentro.

«Un grano de trigo se queda en un solo grano si no se entierra en la tierra y muere. Pero si muere produce muchos granos. «¡Ayúdame, Señor, a morir a mí mismo para poder dar los frutos que Tú quieres que dé!».

¡Señor, ayúdame!

Mt 15,21-28.  «¡Señor, ayúdame!«. Es el grito desesperado de una mujer cananea  a Jesús, pero al mismo tiempo es un grito confiado. Cree que Jesús puede ayudarle. Es todo.  Y Jesús le ayuda: «Cómo es grande tu fe; que te suceda como deseas».

Me sucede a menudo. Situaciones difíciles donde no veo una salida. La confianza en el Señor me ayuda a abrirle mi corazón.  El solo hecho de decirle lo que me sucede, me lleva a la paz y me trae serenidad. Sé en quien he puesto mi confianza. Tarde o temprano, la respuesta llega.  Eso si, no siempre como he imaginado.

 

Dejarse acompañar y guiar por Jesús

Mt 14,22-36. No estamos solos. Jesús camina con nosotros. A veces las preocupaciones de la vida, las dificultades, las oscuridades, los momentos difíciles… nos hacen pensar que vamos por la vida sin nadie a nuestro lado. Basta levantar los ojos, y dejarse mirar por Quien está caminando delante de nosotros, con nosotros y detrás nuestro. Jesús sólo pide de hacerle confianza. Lo demás sobra.