¡No temas!

Lc 5,1-11. El elemento que ayuda a comprender esta escena es la presencia/ausencia de la palabra de Dios, y por consiguiente de Jesús mismo, en la vida de la comunidad cristiana y consecuentemente en la del discípulo.

Simón salió por su cuenta a pescar, pasó toda la noche y no trajo nada. Por la mañana, cuando no era la hora de pescar, Jesús le invita a ir mar adentro y echar las redes. Desconfiado e inseguro, pero apoyándose en las palabras que acababa de escuchar, echa las redes. Y ahí descubrió quién era realmente y quién era el que estaba delante: “¡Apártate de mí, Señor, que soy un pobre pecador!”.

Sobre su fragilidad, Jesús le confía a Simón Pedro la misión de ser de ahora en adelante pescador de hombres.

Palabra y vida. Hay una diferencia grande, como entre la noche y el día: escuchar la palabra de Dios y dejarse guiar por ella, y escucharse a sí mismo dejando de lado al Señor. La fuerza del discípulo misionero de Jesús no reside en él mismo, en sus cualidades o en el puesto que ocupa, sino en quién lo envía, el Señor Jesús. ¡No hay que dejarse engañar!

Ejercicio para este día: parar ir mar adentro con confianza, serenidad y determinación, hago un buen momento de oración íntima, de corazón a corazón, con el Señor Jesús. Leo y medito el Evangelio de Jesús cada día.

Levantarse y servir

Lc 4,38-44. Jesús encuentra a la suegra de Pedro en la cama con una fuerte fiebre. Me impresiona la manera de reaccionar de Jesús: “Él se inclinó sobre ella, increpó a la fiebre y se le fue”. Es como si la fiebre fuese una persona que está haciendo algo mal. El resultado es que inmediatamente se levanta y se pone a servirles.

La fiebre es algo más que fiebre en este caso. Pienso a ese cansancio existencial, esas pocas ganas de vivir, ese tedio, aburrimiento oscuro que hace pesados los días, sin ilusión, sin horizonte. Una especie de depresión, o quizás fuerte depresión.

Jesús es capaz de sacar brillo del lodo. El resultado de este encuentro es que la persona recupera la alegría de la vida y se pone a servir. Su vida vale la pena, tiene un sentido.

Y Jesús se va aparte, a un lugar solitario. Lo suyo no es suyo, es del Padre. ¡Qué claridad en las ideas y en la voluntad! Y de pronto, ¡zas!, un grupo de personas que lo quiere retener, quiere que se quede con ellos, bastante egocéntricos. “También a las demás ciudades tengo que llevarles la Buena Noticia del reinado de Dios, porque para eso he sido enviado!” ¡Qué libertad, la de Jesús!

Palabra y vida. Uno de los primeros frutos de la buena escucha de la palabra de Dios es cesar de pensar en sí mismo y abrirse a las necesidades del otro. Esto se concretiza en el servicio gratuito y desinteresado al prójimo

Otro fruto es la libertad frente a las personas, a la cultura, a las tradiciones, a los encargos confiados… Libertad para seguir caminando y anunciando el amor de Dios. En lenguaje ignaciano se diría santa indiferencia.

Ejercicio para este día: en este día hago al menos un par de servicios enteramente gratuitos y desinteresados.

Pido al Señor la libertad interior profunda par no mirarme a mí mismo y poder estar disponible en cada momento para ir allí donde el Espíritu lo vea necesario y crea conveniente.

¡Calla y sal de él!

Lc 4,31-37. El encuentro tiene lugar en la sinagoga. La enseñanza de Jesús provoca una reacción violenta en un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio inmundo. En primer lugar, interpela recriminando a Jesús, y a continuación le revela su verdadera identidad: “sé quién eres: ¡el consagrado de Dios!”.

La imagen del demonio inmundo habla de la inhumanidad que hay en todo ser humano, esa parte animal, de bestia, de agresividad violenta, de individualismo egocéntrico, de mentalidad totalitaria, de dependencia mortal, de indiferencia, que denigra la humanidad de la persona. Es una fuerza destructora que pone al hombre (inteligencia, afectividad y voluntad) a su servicio. En casos así, es difícil, casi imposible establecer un diálogo con él. ¡No razona!

Palabra y vida. La palabra de Dios tiene una fuerza extraordinaria. Es capaz de sacar del corazón humano la parte que lo deshumaniza y devolverle su verdadera naturaleza: imagen y semejanza de Dios. Curado con la palabra de Dios, puede dialogar, fraternizar, ser maestro de él mismo, trabajar por una causa justa, ver en el otro que es diferente un colaborador, un hermano.

Ejercicio en este día: en este día hago dos ejercicios: el primero, me miro a mí mismo y observo esa parte animal que hay en mí: ¿qué nombre tiene? A continuación, dejo a Jesús mirarme a los ojos ofreciéndome su palabra.

El segundo, miro a mi alrededor, el entorno más cercano y observo esa parte animal presente, encarnada: ¿qué sentimiento y reacción produce en mí? ¿Siento el deseo de trabajar por Dios, de enseñar su palabra?

Fidelidad a la palabra de Dios

Mt 16,21-27. Jesús no busca ni el sufrimiento ni la persecución ni la muerte.

Las encuentra en el camino. Es la fidelidad al proyecto de Dios Padre que provoca el rechazo de la parte de quien se permite apoderarse del puesto de Dios.

Pedro, al no comprender el verdadero camino de Jesús, se convierte en obstáculo para Él. Jesús llega a identificarlo con Satanás y le pide alejarse de Él. Su manera de pensar no es la de Dios. Pedro forma parte del grupo de discípulos; más aún, es la cabeza de la Iglesia, la roca sobre la que se sustenta.

De ahí que la primera y fundamental condición para seguir a Jesús es olvidarse de sí mismo, tomar el camino de la vida con las cruces que se van presentando y seguirlo.

Palabra y vida. La palabra de Dios, y por consiguiente Dios mismo, encuentra la oposición de la fuerza del Mal. El rechazo, la indiferencia, el desprecio, la persecución, la muerte son signos que la palabra de Dios está cumpliendo la misión por la cual Dios nos la ha confiado.

Ejercicio en este día: en este día presto atención a la seriedad que le doy a la palabra de Dios. La estoy tomando en serio?, la relativizo?, la ignoro?, soy fiel a ella? dificultades que he encontrado por esta fidelidad? Miro si como Pedro estoy siendo una ocasión de escándalo, de tropiezo, de caída para mis hermanos, o si por el contrario, con mi manera de vivir, estoy ayudándoles a ser mejores a los ojos de Dios.

 

Fiel en lo poco

Mt 25,14-30. El creyente reconoce que lo que es y tiene es un don que recibe de Dios para ponerlo al servicio de la humanidad. Y es lo que hace. Cada uno recibe lo que recibe. El evangelio nos dice “según sus capacidades”. Lo importante es eso: hacerlo producir, ponerlo al servicio del bien común. Que sea poco o mucho, no importa.

En la parábola, el amo le dice: “Muy bien, siervo honrado y cumplido, has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo importante. Entra en la fiesta de tu amo”.

Pero hay quien piensa más bien en su interés personal, olvida que su vida es un don de Dios y se deja llevar por ese gusanillo egocéntrico, se encierra a los demás. Es como si no existiesen. Gestiona su vida a su manera, muy centrado en él mismo y sin tener cuenta la finalidad por la cual el Creador le ha confiado la vida. A este el amo le dice: “Siervo indigno y holgazán”.

Y la lógica divina dice que cuando das recibes, cuando te olvidas de ti mismo te encuentras. Por el contrario, cuando piensas sólo en ti es entonces que te pierdes, te empobreces humanamente. La generosidad abre las puertas de la bendición de Dios. El egoísmo las cierra.

Palabra y vida. El encuentro definitivo con el Señor revela la verdad de nuestra vida, que se manifiesta progresivamente en la fidelidad cotidiana a la tarea que Él nos ha confiado..

Ejercicio en este día: en este día doy gracias al Señor por el regalo de la vida, por todas las cualidades y dones que me ha dado, por mi inteligencia, por mi voluntad… Y al mismo tiempo lo alabo y le doy gracias por todo el bien que veo en los demás. Bloqueo los posibles celos y envidias que puedan surgir en mi corazón.

Las diez muchachas

Mt 25,1-13. El creyente cree que viene de Dios y a Dios va. El creyente cristiano cree que el Señor Jesús le acompaña y le guía por el camino de la vida hasta el encuentro definitivo con Él.

Lo que pide Jesús es vivir con esta consciencia. Es lo que puede representar la luz que llevan las diez muchachas. Esa luz es Jesús mismo presente en nuestras vidas.

Hay cinco que son prudentes porque llevan frascos de aceite para alimentar los candiles. Mientras las otras cinco son calificadas de necias porque no se preocupan de alimentar los candiles. Este aceite puede representar los medios que tenemos a nuestro alcance para crecer en la familiaridad con Jesús: la palabra de Dios, la oración personal, la celebración de la Eucaristía, el sacramento de la reconciliación, los gestos de amor gratuitos de cada día, el deseo de evangelizar… Es esta familiaridad la que lleva a Jesús a decir: “Os conozco”, o bien “No os conozco”.

Palabra y vida. Darse cuenta que Jesús no es una idea o una filosofía de vida, sino una persona que quiere caminar con nosotros y al hacerlo se revela como el camino, la verdad y la vida.

Ejercicio en este día: en este día alimento la luz divina que me acompaña con el aceite de un rato de oración personal e íntima con el Señor Jesús, donde comparto con él el ajetreo de mi vida cotidiana.

Orar por la intención del papa Francisco para este mes de Septiembre: “Por nuestras parroquias, para que animadas de un espíritu misionero, sean lugares de comunicación de la fe y de testimonio de la caridad.”

Vivir despiertos en la espera

Mt 24,42-51. Una invitación de Jesús a estar despiertos, a no dormirse porque no sabemos ni el día ni la hora en el que el Señor vendrá a nuestro encuentro de una manera definitiva.

¿De qué manera estar despiertos? Simplemente haciendo bien nuestro deber cotidiano, donde cada uno se encuentra. No importa cuál es tu trabajo, hazlo bien con dignidad, con conciencia, sabiendo que cada gota de sudor está contribuyendo a hacer el mundo más humano, más de Dios.

Palabra y vida. Se espera en la venida de Jesucristo trabajando por la transformación del mundo presente en el anhelo del sueño de Dios.

Ejercicio en este día: en este día intento hacer bien y con alegría el trabajo que se me ha confiado, teniendo la mente en el encuentro definitivo con Jesús.

La fe de mis hijos

Habíamos quedado con  Paolo y su familia. No los conocía personalmente. Quería agradecerle de viva voz la generosidad que han tenido con la misión que el Señor nos ha confiado en Camerún y Chad.

Paolo nos esperaba al borde del lago, allí donde tiene su trabajo. Nos invitó a dar una vuelta con una barca. Una experiencia gratificante. Me invitó a conducirla y yo sin mucha maestría en ello cojí el volante. Y mientras hacíamos el recorrido íbamos hablando, compartiendo cosillas de la misión y de su familia. Me hablaba emocionado de su esposa y de sus hijos, me mostraba el paisaje, los pueblecillos de la ribera… Y me habló de su fe, de lo importante que era Dios en su vida, de la peregrinación a Medjugore, de su parroquia, del párroco… Y hablando de su familia, me dijo: «El mayor regalo que Dios ha podido hacerme es la fe de mis hijos». Lo confieso, en ese momento yo también me emocioné.

 

Desear vivir conforme a la voluntad Dios

Mt 23,27-32. San Pablo pide con una cierta urgencia a los cristianos de Tesalónica de llevar una vida conforme a la voluntad de Dios que los ha llamado a participar en su reino y gloria (1 Tes 2,12). Quiere decir que la vida de Dios es una gracia de su parte y al mismo tiempo un compromiso por lo que nos concierne a nosotros. Las dos cosas van unidas.

Jesús hace una llamada muy fuerte a vivir con una coherencia radical en la vida. Los enemigos de esta coherencia están ahí: la hipocresía y toda forma de mal. Querer vivir conforme a la voluntad de Dios conlleva un compromiso fuerte de vigilancia sobre sí mismo y de lucha contra estos enemigos. Una de la bienaventuranzas dice: “Dichosos los limpios de corazón porque verán a Dios” (Mt 5,8). La pureza de corazón es la condición que permite entrever a Dios, pero al mismo tiempo es Dios quien nos ayuda a ser puros de corazón.

Palabra y vida. Desear vivir conforme a la voluntad de Dios porque eso es lo que desea nuestro ser en lo más profundo de él mismo. La voluntad de Dios y la voluntad humana se juntan. Esta es la vocación del ser humano.

Ejercicio en este día: en este día pido repetidamente al Espíritu Santo el don de desear vivir en conformidad al querer de Dios. Y, al mismo tiempo, miro en mi interior lo que afea mi vida en relación a la hipocresía e iniquidad y hago un esfuerzo, acompañado por el Espíritu, para deshacerme de ello.

Testimoniar de la verdad

Mc 6,14-29. Martirio de san Juan Bautista. Martirio quiere decir dar testimonio. ¿De qué dio testimonio Juan Bautista? De la verdad. Simplemente le dijo a Herodes que lo que estaba haciendo no le estaba permitido. Herodiades que estaba por medio no lo soportó y a la primera ocasión pidió su cabeza.

Herodes, por su parte, estimaba Juan, sabía “que era un hombre bueno y santo”, pero no fue capaz de revenir sobre un juramento erróneo que había hecho delante de los convives.

Retengo dos cosas. La primera es que la persona que ama a Dios ama la verdad. El sí es sí y el no es no, todo lo demás como nos dice Jesús viene del Maligno. Ser una persona coherente, íntegra, que cree en un sistema de valores y no tiene miedo a proclamarlos con el testimonio de la vida en primer lugar y a continuación diciendo lo que piensa donde hay que decirlo con serenidad, y al mismo tiempo con firmeza, respetando a quien está delante.

La segunda es saber reconocer los propios errores, las meteduras de pata y si es necesario excusarse, pedir perdón, o decir simplemente ‘me he equivocado’.

Palabra y vida. “Padre, conságralos con la verdad: tu palabra es verdad” (Jn 17,17). Vivir en la verdad nos ayuda a ser libres.

Ejercicio en este día: hago pequeños ejercicios para afianzarme en la verdad con respecto a mí mismo, y en la relación con los demás. Miro si hay algo de mentira en mi vida, de falsedad, de opacidad, de oscurantismo, de injusticia… y pongo manos a la obra