Mc 10, 13-16. Viendo la reacción que los discípulos tienen frente a los niños, Jesús aprovecha la ocasión para dar una enseñanza sobre el reino de Dios: “el reino de Dios pertenece a los que son como ellos” y “quien no lo acoge como lo haría un niño non entrará en él”. Y les dice claramente de dejarlos que se acerquen a él.
El niño es pequeño, frágil, poco considerado socialmente en la época de Jesús, y al mismo tiempo vive con una cierta “ingenuidad”, confía en la persona mayor.

Para creer en las cosas de Dios, se necesita esa pizca de “ingenuidad”, de confiar en quien te precede, de no permanecer con ciertas preguntas que no tienen una respuesta racional. Es dejarse coger de la mano y seguirlo. Y así se va recorriendo el camino de la vida con Él. Casi sin darse cuenta uno va entrando, como el niño que va creciendo, en ese nuevo universo y descubriendo la belleza escondida.
¡Buenas noches!



Jn 10, 11-18. La imagen del pastor y del rebaño de ovejas proviene del Antiguo Testamento, donde es aplicada a la relación que establece Dios con su pueblo.
Mc 9,2-10. Todo sucede de una manera sencilla y rápida: la transfiguración de Jesús delante de tres de sus discípulos, una blancura resplandeciente, la presencia de Elías y Moisés conversando con Él, el bienestar de los discípulos manifestando el deseo de quedarse en este lugar, una voz de lo alto revelando su identidad acompañada de un imperativo y la vuelta a la normalidad con un encargo a sus discípulos de no contar nada de lo vivido a nadie hasta el día de la resurrección.
Una de las cosas por las que, en este día en que celebro el aniversario de mi nacimiento, doy gracias al Señor es por el don de la fe. La verdad es que no se cómo ha sido: la educación en mi familia, en el Seminario, personas que me han ido acompañando… La de Dios es una presencia muy familiar, cercana, casi podría decir natural. Cuando me encuentro con un no creyente, me pregunto: ‘¿y por qué yo tengo fe?’.




