Adviento

Empezamos hoy el tiempo de Adviento, que coincide con la fiesta de san Francisco Javier. Es un periodo, este año de tres semanas, que nos ayuda a prepararnos para celebrar la gran fiesta de Navidad.

Me parece importante cultivar una actitud fundamental para este tiempo: dejarse sorprender por la Buena Noticia de la Navidad. “Dios con y en medio de nosotros” no es una pequeña cosa. Llevaba mucha razón el principito cuando decía a su amigo zorro: “he aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos. – Lo esencial es invisible para los ojos.”

Sí, dejarse sorprender por esa presencia silenciosa, humilde, callada, desapercibida, anónima de Dios entre nosotros.

¡Dichosos los ojos que se dan cuenta, los oídos que llegan a escucharlo y el corazón que siente y acoge su amor!

Buen camino de Adviento.

Primera jornada mundial de los pobres

Creo que esta jornada, querida por el papa Francisco, es una interpelación fuerte para tener presente ese mundo marginal, de pobreza, a veces de miseria, que forma parte de nuestra sociedad. Nadie elige ser pobre, y sin embargo por una razón u otra un porcentaje alto de personas de carne y hueso la sufren. El origen es diverso, pero la realidad es la misma: hermanos nuestros que quieren vivir con una cierta dignidad y no lo pueden porque les falta los recursos materiales necesarios.

De tanto ver la pobreza, se puede crear una actitud de indiferencia. “¿Y qué puedo yo hacer?”. Y como la pobreza no sólo continúa, sino que aumenta, casi inconscientemente se vuelve la mirada para otro lado. Y que cada cual se apañe como pueda.

Creo que se debe actuar a varios niveles. La erradicación de la pobreza es un sueño que portamos tantas personas de buena voluntad. Para ello se requiere un nuevo orden internacional, donde la regla básica sea el respeto de cada pueblo y ciudadano. Las reglas deben ser justas y equitativas para todos los pueblos de la tierra. Esto conllevaría un cambio estructural. ¿Estamos dispuestos a ello? Estemos dispuestos o no, ese es el camino que hay que recorrer. Y hasta que no se tome esa dirección la pobreza seguirá aumentando.

La pobreza no es algo abstracto. Tiene una cara, unos ojos, un cuerpo, una voz… La compasión es ese gran don divino que te ayuda a meterte en la piel de ese otro que está enfrente: “¿Y si yo fuese ese otro?”. Mirar cada ser humano como a sí mismo. Esto no viene de la noche a la mañana, se requiere un buen entrenamiento cotidiano. Es un regalo de lo Alto, pero al mismo tiempo una tarea: cuando ese rostro pobre entra en la mente, en el pensamiento, en la vista, en el diálogo, en el corazón, entonces algo grande está cambiando. El mundo no soy sólo yo: el mundo es el otro, y el otro, y el otro, y también yo.

El amor por el pobre conlleva un compromiso personal que se manifiesta en un cierto estilo de vida marcado por la austeridad. Austeridad para compartir.

En este día, pido al Señor de tener entrañas de misericordia y de compasión, todo ello acompañado de la determinación.

5 Noviembre

Este fin de semana estuve de nuevo en Parma. La ocasión ha sido la celebración de la fiesta de nuestro fundador, san Guido M. Conforti. Un par de días de familia y fraternidad. Entre los javerianos con los que me he encontrado está Giorgio Biguzzi, mi maestro de novicios, y siendo Obispo de Makeni en Sierra Leona fue quien me ordenó presbítero en noviembre de 1990. Ha sido una gran alegría de encontrarme de nuevo con él. A sus 81 años lo he visto lleno de energía, fuerza y vivacidad.

Es un gran testimonio para todos nosotros. Cuando el Papa aceptó su dimisión al cumplir los 75 años, tras 25 años de episcopado, volvió a la familia javeriana y se puso a disposición del Superior para ir allí donde hubiese necesidad. Ahora está plenamente integrado en una comunidad javeriana. Se ofrece mucho para la animación misionera y está a disposición del Obispo local para cuando lo necesita. Le deseo mucho bien y que pueda continuar a enriquecernos con su manera sencilla casi espontánea de vivir la consagración religioso misionera.

Ayer Domingo, durante la Eucaristía, Berto Kardi, joven indonesiano de la comunidad del Teologado de Parma, ha hecho la profesión perpetua. Es la primera vez como superior general que presido una tal celebración. Lo debo confesar, en la preparación de la liturgia me emocioné varias veces. Acoger la profesión de los votos religiosos de Berto me emocionó. Y cuánta alegría en el rostro y en el corazón de Berto. “Todo para la misión”, “todo lo puedo con el que me da fuerzas”. Berto también se emocionó al final en el momento de dar gracias y de recordar la familia, sus padres y hermanos que están en Indonesia, y aquellos que le han ayudado a ser cristiano y misionero javeriano. “Cuando era pequeño veía al misionero extranjero hacerse uno de nuestro pueblo anunciando la palabra de Dios. De ahí nació mi deseo de consagrar mi vida al Señor en la misión”. Gracias Berto por el don de tu vida. El Señor te acompaña continuamente. Con Él darás muchos frutos para el bien del reino de Dios. No pierdas nunca la alegría que te acompaña como un gran don del Espíritu.

Dichosos

«Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece.

Dichosos los afligidos, porque serán consolados.

Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa del bien, porque el reinado de Dios les pertenece.

Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa.

Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante. De igual modo persiguieron a los profetas que os precedieron.

(Mt 5, 3-13)

Vivir unificado

Mt 22,34-40. No hay dudas en la respuesta que Jesús da al doctor de la ley que maliciosamente le pregunta sobre cuál es el precepto más importante: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente; y al prójimo como a sí mismo. En ello está resumida la ley entera.

Palabra y vida. Todo el corazón, toda el alma, toda la mente. La palabra de Dios conduce a la unificación de la persona. No puede haber fisuras. Para vivir plenamente, todo el ser de la persona ha de estar orientado hacia quien le ha dado la vida.

Los dos amores van de la mano: amar a Dios y amar al prójimo. El amor a Dios se verifica en el amor al prójimo. “Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20)

Ejercicio en este día: pido al Señor el don de vivir unificado en torno a Él, y de adorarlo de una manera particular en el servicio a mi prójimo.

La coyuntura presente

Lc 12,54-59. Jesús reacciona de una manera fuerte ante lo que está viendo. Se saben interpretar los fenómenos de la naturaleza, pero se es incapaz de interpretar la coyuntura presente ¿Ignorancia, cerrazón, ligereza, superficialidad, fijaciones…? Jesús los llama “hipócritas”.

Quizás viven tan centrados en sí mismos que continúan pasando al lado del tesoro escondido sin darse cuenta de lo que dejan al lado.

Palabra y vida. Interpretar la coyuntura presente requiere abrir los ojos, mirar, escuchar, buscar, dejarse sorprender, guardar silencio, compartir. No se tarda en descubrir los signos de la presencia de Dios.

Ejercicio en este día: miro fuera de mí mismo para darme cuenta de la presencia de Dios en gestos, detalles, palabras, compromisos, personas, silencios, reivindicaciones, impotencias…

La urgencia de Dios

Lc 12,49-53. En la vida de una persona hay momentos de sinceridad profunda, abierta, sin importar lo que los demás puedan pensar. Es la verdad que se manifiesta, saliendo a la luz lo que verdaderamente hay en su interior. Este es uno de esos momentos en la vida de Jesús. La pasión por Dios, por el reino es como un fuego interior que no ve el momento de salir fuera y decir ‘aquí estoy’.

Y describe lo que estaba pasando: la palabra de Dios no dejaba indiferente a nadie, o se toma partido por ella o contra ella. No hay medias tintas, o se acoge o se rechaza.

Palabra y vida. ¿Cómo puedo saber si la palabra de Dios ha tocado verdaderamente la raíz y fundamento de mi ser? Para responder basta preguntarse: ¿siento la urgencia de testimoniarla, de vivirla para que sea conocida y vaya transformando la sociedad?

Es urgente amar, servir, dialogar, perdonar, practicar la justicia, vivir en la gratuidad, mirar al otro como una parte de mí mismo… Todo ello habla de la urgencia que Dios y su proyecto de amor se manifieste en la sociedad donde cada uno vive

Ejercicio en este día: profundizo la urgencia de Dios en nuestro mundo y sigo comprometiéndome localmente para manifestar su presencia: pequeños gestos, pequeñas acciones cotidianas que van mostrando la belleza de Dios.

Dichosos ellos

Lc 12,35-38. Una llamada de atención de Jesús a tomar la vida con seriedad, a no dejarse llevar por distracciones que pueden atraer pero que son inútiles y nocivas. El encuentro con el Señor se realiza en la verdad y honestidad de nuestra vida.

Palabra y vida. Un elogio a la fidelidad cotidiana en el corazón de nuestra vida.

Ejercicio en este día: intento vivir con fidelidad y entrega el servicio que se me ha confiado

La codicia

Lc 12,13-21. Una enseñanza sobre el sentido de la vida en relación al tema de la posesión. “¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!”

La riqueza se puede convertir en un falso dios al que se le dedica la mejor parte de la existencia, pudiendo caer en una dependencia que anula la voluntad de la persona y la desvía del fin para el que ha sido creada.

Nadie, nos dice el papa Francisco con la sencillez que le caracteriza, se va al otro mundo con los bolsillos llenos. “Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios”.

Palabra y vida. En la vida, saber poner cada cosa en su sitio es un gran regalo del Espíritu. Para ello es importante adquirir una gran libertad interior -libre frente a los bienes materiales, frentes a las personas, frente a las ideas…-,  para poder en todo amar y servir a nuestro Creador.

Ejercicio en este día: pido al Espíritu el gran don de la libertad interior.

La misión en el corazón de la fe cristiana

Hoy, día del Domund, es el día en el que la Iglesia recuerda una verdad fundamental: se recibe la fe para darla. ¿Qué sería de ese amor que no siente la necesidad de amar?. Tomo algunas frases de “la alegría del evangelio” del papa Francisco  para comprender mejor el sentido de esta jornada.

  • La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más.” (264)
  • “La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir.” (13)
  • “No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos.” (266)
  • El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.” (266)

  • “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan… Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga.” (262)
  • “Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás.” (264)
  • “A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno.” (265)
  • El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor.” (265)
  • “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios. Como consecuencia de esto, si queremos crecer en la vida espiritual, no podemos dejar de ser misioneros. La tarea evangelizadora enriquece la mente y el corazón, nos abre horizontes espirituales, nos hace más sensibles para reconocer la acción del Espíritu, nos saca de nuestros esquemas espirituales limitados. Simultáneamente, un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.” (272)
  • “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo.” (273)
  • “Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él « viene en ayuda de nuestra debilidad » (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente.” (280)
  • “De esa forma, cuando un evangelizador sale de la oración, el corazón se le ha vuelto más generoso, se ha liberado de la conciencia aislada y está deseoso de hacer el bien y de compartir la vida con los demás.” (282)
  • « El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza.» (265)