Se llamará…

« se llamará Emanuel, que significa: «Dios con nosotros» » (Mt 1,23)

« qu’on appellera Emmanuel. » — Ce nom signifie « Dieu est avec nous »

« he will be called Emmanuel, which means: God with us »

« sarà chiamato Emmanuele. Questo nome significa: «Dio è con noi» »

« dia akan disebut Immanuel, yang artinya: Tuhan beserta kita »

« ele será chamado de Emanuel, que significa: «Deus conosco» »

Id a informar a Juan de lo que habéis visto y oído:

« los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia.  Y bienaventurado el que no encuentra en mí motivo de escándalo. » (Lc 7,22-23)

« Allez raconter à Jean ce que vous avez vu et entendu : les aveugles voient, les boiteux marchent, les lépreux sont guéris, les sourds entendent, les morts reviennent à la vie, la Bonne Nouvelle est annoncée aux pauvres. Heureux celui qui n’abandonnera pas la foi en moi. »

« Go and tell John what you have seen and heard:
the blind regain their sight,
the lame walk,
lepers are cleansed,
the deaf hear, the dead are raised,
the poor have the good news proclaimed to them. 
And blessed is the one who takes no offense at me. »

«Andate e riferite a Giovanni ciò che avete visto e udito: i ciechi riacquistano la vista, gli zoppi camminano, i lebbrosi sono purificati, i sordi odono, i morti risuscitano, ai poveri è annunciata la buona notizia. E beato è colui che non trova in me motivo di scandalo!».

« Beritahu John apa yang telah kamu lihat dan dengar: orang buta melihat, orang lumpuh berjalan, orang kusta disembuhkan, orang tuli mendengar, orang mati hidup kembali, Kabar Baik diumumkan kepada orang miskin. Berbahagialah dia yang tidak meninggalkan iman kepadaku. »

« Vá e diga a João o que você viu e ouviu: os cegos vêem, os coxos andam, os leprosos são curados, os surdos ouvem, os mortos revivem, a Boa Nova é anunciada aos pobres. Bem-aventurado aquele que não abandona a fé em mim. »

Balaán contesto a Balac:

« Aunque Balac me regale su palacio lleno de oro y plata, no puedo quebrantar el mandato del Señor haciendo mal o bien por cuenta propia; lo que el Señor me diga lo diré. » (Nm 24,13)

«Même si Balac me donnait tout l’argent et l’or dont son palais est plein, je ne pourrais en rien désobéir aux ordres du Seigneur. Je prononce uniquement les paroles que le Seigneur m’indique

« Even if Balak gives me his palace full of gold and silver, I cannot break the Lord’s command by doing evil or good on my own; What the Lord tells me I will say. »

« Anche se Balak mi desse tutto l’argento e l’oro del suo palazzo, io no potrei trasgredire in nulla gli ordini del Signore. Dirò soltanto quel che il Signore mi comunicherà. »

« Meskipun Balak memberi saya istananya yang penuh emas dan perak, saya tidak dapat melanggar perintah Tuhan dengan melakukan kejahatan atau kebaikan sendiri; Apa yang Tuhan katakan akan saya katakan. »

« Mesmo se Balaque me der seu palácio cheio de ouro e prata, não posso quebrar a ordem do Senhor fazendo o bem ou o mal sozinho; O que o Senhor me disser, direi. »

La humanidad, una sola familia

«Cantaban un cántico nuevo: —Eres digno de recibir el rollo y romper sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; hiciste de ellos el reino de nuestro Dios y sus sacerdotes, y reinarán en la tierra» (Ap 5,9-10).

La humanidad, esparcida por todo el universo, tiene un origen y un destino idéntico: ser familia, abrir puertas, darse la mano, caminar juntos. Cada gesto que va en esta dirección, por pequeño o grande que sea, ayuda a realizar este «sueño» de eternidad.

¡Feliz quien, comprendiéndolo, pone su vida al servicio de este «sueño» eterno!

«¡Aquí estoy! ¡Envíame!»

Hoy es el Domingo Mundial de las Misiones. Se enmarca en el ya tradicional mes de octubre misionero, donde la Iglesia pone un énfasis particular en el mandato recibido del Señor: «Id por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad» (Mc 16,15). En la parte central del mensaje que papa Francisco ha escrito en esta ocasión para toda la Iglesia, se encuentran las palabras del profeta Isaías: «Oí al Señor decir: “¿A quién enviaré? ¿Quién será mi mensajero?”. Le respondí: “¡Aquí estoy, estoy listo! ¡Envíame!» (Is 6,8)

A partir de mi propia experiencia, quisiera compartir algunos puntos que considero importantes para enriquecernos espiritualmente en esta Jornada Misionera Mundial.

1. Dios tiene un proyecto de amor para la humanidad: formar una sola familia, la Familia de los hijos de Dios. La tarea de los creyentes es reconocernos como hijos suyos y, por tanto, hermanos y hermanas entre nosotros. Pensemos en los diferentes pueblos que forman la humanidad, tan diferentes, pero al mismo tiempo con una gran riqueza. Ningún pueblo puede considerarse como superior al otro. Somos complementarios, pues cada uno revela una parte del rostro divino.

Este proyecto de Dios, su Reino, debe aparecer para el creyente como el único proyecto válido para el mundo creado y amado por Dios, no hay otro. Este proyecto divino, en su belleza y radicalidad (cfr. Is 65,16b-25), debe estar en la base de todo proyecto humano, sea político, social, económico, cultural o personal.

Este proyecto ejerce en el creyente tal fascinación que lo «arrastra» a la acción de Dios, no se puede comparar con ninguna otra realidad. Recuerdo en mi adolescencia, en torno a los 14-15 años, cómo este plan de Dios se me presentó, a través de Jesucristo, con gran claridad y belleza. Hasta el punto de dar una orientación total y definitiva a mi vida: ponerme a su servicio.

Es la experiencia que describe la parábola del tesoro escondido (Mt 13,45): «Un hombre encuentra este tesoro escondido, lo vuelve a esconder, luego, lleno de alegría, corre a vender todo lo que tiene y compra ese campo» (Mt 13 , 45). En la base hay un encuentro personal y único con el Señor de la vida.

Domingo Mundial de las Misiones. Hay misión porque hay amor y pasión por este proyecto, por Jesucristo, que es «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6) para todos los pueblos de la tierra. Es este proyecto divino el que nos muestra el horizonte, el camino a recorrer, el que nos sostiene cuando faltan nuestras fuerzas y el cielo se vuelve gris. «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán» (Mt 24,35)

2. Lo que rompe este designio divino es el pecado, esa tendencia humana egoísta a vivir para sí, a encerrarse en las propias necesidades materiales, olvidándose del otro, en su necesidad, sea material, humana o espiritual. «¿Dónde está tu hermano Abel?», le preguntó Dios a Caín (Gen 4,9). «—Quien quiera seguirme, deje de pensar a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Quien se empeñe en salvar su vida, la perderá; quien esté dispuesto a sacrificar su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» dice Jesús a quienes quieren ser discípulos suyos (Mc 8, 34-35).

Pero Dios no se deja vencer por el pecado humano. ¿De qué manera? Lo vemos en Jesús: al comienzo de su actividad misionera, después de anunciar que «el reino de Dios se ha acercado» (Mc 1,15), inmediatamente llama a unas personas trabajadoras, Simón y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan, y les dice: «Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mc 1,16-20). Son los primeros discípulos.

«Oí al Señor decir: “¿A quién enviaré? ¿Quién será mi mensajero?». Le respondí: “¡Aquí estoy, estoy listo! ¡Envíame!» (Is 6,8). El proyecto de Dios, la misión confiada por Jesús a la Iglesia sigue adelante y se realiza a través de nosotros, de ti y de mí, así como somos, pobres y frágiles. Al confiarnos esta hermosa tarea, podemos decir, con una cierta emoción en lo más profundo de nuestro ser, que el Señor no podía ser más bueno con nosotros.

3. «Dad al emperador lo que es del emperador, pero lo que es de Dios, dadlo a Dios» (Mt 22,21). Se necesita:

Estar enamorado de las cosas de Dios, de su proyecto de amor, que encontramos en la Palabra de Dios. Estar enamorado hasta el punto de ofrecer la propia vida a Dios, cada uno en la situación en que se encuentra. Es decir, poner la vida, que hemos recibido gratuitamente por pura gracia divina, al servicio de los intereses de Dios. Se requiere para ello hacer frente a la tentación de la tibieza, que es la que anula la dimensión profética de la acción misionera de la Iglesia.

Llevar el mundo, creado y amado por Dios, en nuestro corazón. Un mundo que está formado por personas concretas, con rostros humanos diferentes, que viven en culturas distintas… Dios se encarnó en todos los pueblos de la tierra. Amar a Dios requiere amar su obra creativa.

Amar concretamente al mundo, es decir, a las personas que el Señor pone en nuestro camino. Amarlas con gestos concretos de fraternidad, cercanía, servicio… El Señor manifiesta su amor a través de nuestras manos, nuestros ojos, nuestros oídos, nuestra boca, nuestros pies.

Cada uno de nosotros donde está, llevando el proyecto de Dios en su propio corazón; cada uno haciendo lo que puede, lo que está a su alcance, colabora activamente con el Señor, ayuda a realizar su proyecto de amor.

Este testimonio de vida es el signo de la verdad divina que acompaña a la Iglesia, a todos los que hemos acogido a Jesucristo como Señor de nuestra vida, y a todas las personas de buena voluntad que desean y anhelan la eternidad.

Una Iglesia misionera, en salida, que ofrece lo que ha recibido de lo Alto.

«¡Que nuestro Señor Jesucristo sea conocido y amado por todos los pueblos de la tierra!»

Su corazón no era libre

Me hace pensar el evangelio de hoy, Mt 19,16-22, en una amenaza muy real para la vida espiritual, hasta el punto de poder alejar a la persona del manantial divino donde la propia vida tiene su origen.

El joven que se acerca a Jesús es un cumplidor de la ley divina, representada en los mandamientos. En el fondo, se cree bueno porque es un cumplidor de lo establecido. Tiene como objetivo conseguir la vida eterna, pero en base a sus propias fuerzas y capacidades. Tiene tanta confianza y fe en sí mismo, que Dios cuenta poco en su vida. ¡Así de claro! Ha olvidado lo más importante: dejar que el Señor lo mire ‘cara a cara’, es decir, dejarse amar por Él. Es por ello que no puede dar el paso más trascendental de su vida: confiarla enteramente al Señor. Termina por abandonar el camino divino, retirándose y alejándose así de la fuente de su propia vida. ¡Qué paradójico! Su corazón no era libre.

Esta amenaza está ahí bien presente, como el ladrón que da vueltas y vueltas hasta que encuentra el lugar, pequeño o grande, para entrar. Hacer las cosas por Dios, incluso ‘dar’ nuestra vida al Señor, sin dejar que Él nos manifieste su amor a través de su mirada. Es esa mirada que nos pone al descubierto, ilumina hasta lo más escondido, da nombre a cada cosa, saca fuera los engaños del Enemigo que hay en el fondo de nuestros corazones y con los cuales convivimos ‘pacíficamente’. ¡Qué ilusión es querer recorrer el camino divino queriendo ser al mismo tiempo el director de la carrera!

Oramos al Señor los unos por los otros.

Un abrazo fraterno.

El bien, esa semilla divina

Mt 13,24-43. «El reinado de Dios es como un hombre que sembró semilla buena en su campo. Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se marchó».

Pienso en el reinado de Dios, ese proyecto de sociedad que está en el corazón divino. Y pienso en su enemigo que siembra la cizaña para que la semilla buena no pueda dar fruto propio.

Desde hace tiempo observo que en nuestra sociedad va en aumento una tendencia egocéntrica, que se cierra en sí misma, con miedo, y que desarrolla, al mismo tiempo, sentimientos y actitudes de desprecio, de puro racismo sobre todo hacia nuestros hermanos inmigrantes, los más marginados y vulnerables. Y esto sólo por el hecho de ser tales, olvidando egoístamente que ellos sólo son víctimas de un sistema económico y social injusto, que beneficia a una pequeña parte de la población mundial y margina al resto.

Se oye mucha violencia verbal, se desarrollan comportamientos abusivos, de explotación hacia ellos. Hechos parciales de violencia se generalizan creando la imagen de que todos son así. Se pasa de lado todo lo bueno y heroico que estas personas realizan diariamente.

El racismo es esa semilla sembrada por el enemigo de Dios para que su reino no progrese. Saber distinguir lo bueno de lo malo es un criterio básico de madurez humana y cívica.

Sucedió hace unos días, en medio de la inundación que paralizó en un instante, sin preaviso, la vida de Palermo. Una madre y su hijo pequeño, atrapados en un paso subterráneo. La madre que grita, no puede nadar. Por allí andaba Sufien Saghir, 23 años, de Palermo de origen marroquí. No se lo piensa dos veces, se lanza allí donde salen los gritos de petición de auxilio. Entre lodos, escombros y agua salva al pequeño y luego a la madre.

¿Qué hizo? Simplemente arriesgó su vida para salvar la de dos personas. No pensó en quiénes eran o de dónde venían, sencillamente hizo lo que el corazón le dijo. Con su gesto espontáneo, reflejo de la humanidad que lo caracteriza, salvó dos vidas.

«Era lo que tenía que hacer», dijo, sereno y contento de haber ayudado, al periodista que le preguntó.

Inicio del año jubilar (2020-2021)

Buenos días, hoy, a nivel de los Misioneros Javerianos, iniciamos un año jubilar haciendo memoria de la aprobación de las primeras Constituciones de nuestra Familia misionera por parte de la Santa Sede hace 100 años. Era el 2 de julio 1921.

En esta ocasión Mgr Conforti, nuestro padre Fundador, escribió una Carta Circular «A los queridísimos Misioneros presentes y futuros, de la Sociedad de San Francisco Javier para lasMisiones Extranjeras«. Es la que llamamos familialmente «Carta Testamento«,

Iniciamos el año jubilar con la celebración de la Eucaristía en la Capilla de la Casa Madre, en Parma. Será transmitida a través de Youtube. Os dejo el link. Si alguien estuviese interesado, adelante.

Yo soy el pan vivo bajado del Cielo

Jn 6,51-58. «Yo soy el pan vivo bajado del Cielo», dice claramente Jesús a los que le escuchan. Es una afirmación solemne, sin espacio para la duda. Jesús tiene clara conciencia de su propia identidad, y en función de ella realiza la misión que el Padre le ha confiado.

Es el pan vivo bajado del Cielo no para sí mismo, sino para ofrecerlo a los demás. El pan y el vino hablan de una única realidad: la vida del Hijo del Hombre. Es su propia vida la que Jesús ofrece a la humanidad. Quien abre su corazón a esta Buena Noticia y acoge la Vida que viene de lo Alto, participa plenamente de ella.

Todo ello se manifiesta particularmente en dos elementos: vivir para siempre, es decir la vida eterna; y vivir íntimamente unido a Él

  • La vida eterna. «Quien come de este pan vivirá para siempre». «Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día»
  • Vivir íntimamente unido a Él. «Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él»

La Eucaristía es expresión de una realidad más profunda: la vida misma de Jesús, que se ofrece continuamente para que la humanidad pueda vivir en plenitud. Quien participa en ella, acoge el don salvador de la Vida de Jesús, y se transforma por la acción del Espíritu en don divino para los demás.

La celebración de la Eucaristía consta de dos partes: la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística. Esta segunda parte es posible, con la consagración eucarística en el centro, porque está la primera parte, que es la Palabra de Dios. Si no estuviese esta primera parte se caería en un ritualismo mágico, anulando la fuerza divina de la Eucaristía.

La celebración de la Eucaristía nunca puede ser pasiva, ritualista, misterio desencarnado, obligación … Es Vida eterna, es Palabra encarnada, es comunión fraterna, es oferta de la propia vida, es relación íntima humana-divina, es anhelo profundo de «un cielo nuevo y una tierra nueva», es anticipación de la plenitud del reino de Dios, es fuerza interior para seguir luchando cotidianamente por los valores eternos, es …

«El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne».