Queridos familiares y amigos,
la celebración de la Navidad nos da la ocasión para encontrarnos como Familia y poder intercambiar así las felicitaciones propias de este período navideño. El mes pasado pensando en este mensaje he encontrado un versículo de la Carta de San Pablo a los Romanos, y enseguida he pensado que habría sido bonito compartirlo con todos vosotros en esta ocasión. Dice así:
«Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10,9).
Habían apenas pasado 25 años de la muerte del Señor Jesús cuando San Pablo escribió la carta a la comunidad cristiana que estaba en Roma. Él, hebreo y fariseo que, mientras perseguía a los cristianos, se había encontrado con el Señor en el camino de Damasco, afirma con determinación la fe en la resurrección del Señor Jesús y dice que en el momento en el que uno recibe a Jesús como el Señor de la vida, es salvado. Este es el núcleo central del mensaje misionero: anunciar, proclamar y testimoniar que Jesucristo, el niño nacido en Belén, ha resucitado, está vivo. Cualquiera que lo recibe en su vida, independientemente del origen geográfico o cultural, vive eternamente, convirtiéndose así en una persona nueva que tiene como casa el mundo y como familia la humanidad.
«Pero, continúa diciendo San Pablo, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en él, si no han oído hablar de él? ¿Cómo van a oír hablar de él, si no hay nadie que se lo anuncie? ¿Y cómo va a haber quienes lo anuncien si no son enviados? … Por lo tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación consiste en anunciar la Palabra de Cristo» (Rm 10,14-17).
La Navidad nos recuerda con relevancia esta gran verdad: el Hijo de Dios que se ha hecho uno de nosotros, y que ha nacido entre nosotros (Mt 1,23), ha sido enviado por Dios Padre con una finalidad bien precisa (Mt 1,21), la de salvar a la humanidad del pecado que divide, separa y crea muerte; del pecado que destruye su plan de salvación para nosotros, ser la familia de los hijos de Dios. Hay necesidad urgente de misioneros del Evangelio, de personas que sintiéndose amadas por Dios proclamen y testimonien con convicción y fuerza interior, allí donde cada uno se encuentra, y en modos diferentes, que el amor de Dios es eterno, que «Dios ha amado tanto al mundo que dio a su único Hijo para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
Queridos familiares y amigos, entre los momentos y acontecimientos importantes que han marcado la vida de nuestra Familia Javeriana en este año 2020, quisiera señalar particularmente tres.
Pandemia Covid-19
El año 2020 quedará grabado en nuestra memoria principalmente por la pandemia Covid-19. Ésta se ha presentado en nuestra vida como el ladrón que penetra de noche en la casa mientras el propietario duerme. Ha entrado así de manera silenciosa, sin hacer ruido, casi de manera imperceptible, y cuando nos hemos dado cuenta de ello, el virus ya estaba dentro trabajando sin que ningún enemigo pudiera hacerle frente y combatirlo. Y así nos hemos encontrado en lockdown, confinados en nuestras casas, a luchar contra este enemigo invisible. Durante los primeros meses de esta pandemia, hemos vivido en primera persona con un gran sentido de impotencia, la partida física de hermanos, familiares, amigos, vecinos y personas conocidas. Han sido meses difíciles. Nuestra Casa Madre en Parma es testigo de ello. De las personas queridas que nos han dejado para entrar en la vida eterna, conservamos el testimonio de sus vidas como un tesoro precioso. Agradecemos a Dios el don de cada uno de ellos. Ahora siguen acompañándonos desde el cielo. ¡Qué descansen en la paz del Señor!
Reflexionando brevemente sobre la pandemia que aún continúa: vemos cómo inesperadamente hemos descubierto nuestra vulnerabilidad y fragilidad. Ha bastado un virus, invisible a los ojos, para ponernos de rodillas a todos. Esperamos que esta experiencia trágica nos ayude a reflexionar sobre las cosas que son esenciales en la vida y por las cuales merece la pena empeñarse y hasta dar la propia vida. «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», dice Jesús a sus discípulos (Mc 13,31).
Año Jubilar Javeriano
El motivo de este Año Jubilar es el recuerdo del centenario de la aprobación por parte de la Iglesia de nuestra regla de vida: las primeras Constituciones Javerianas. Era el 6 de enero de 1921. Seis meses más tarde, para dar la noticia, el 2 de julio de 1921, Mons. Conforti escribía una carta «A los queridísimos Misioneros presentes y futuros de la Pía Sociedad de San Francisco Javier para las Misiones Extranjeras». Aprovechó para abrir su corazón y poner por escrito lo que él deseaba de sus hijos «presentes y futuros». Es llamada por nosotros la Carta Testamento.
El Año Jubilar Javeriano ha iniciado oficialmente el 2 de julio 2020 con una celebración eucarística en el santuario San Guido María Conforti en Parma, y se concluirá el 2 de julio 2021. Son dos los elementos que principalmente caracterizan este año de gracia. El primero es dar gracias al Señor por el don recibido, que se ha concretado en el carisma javeriano. Es un gran regalo para la Iglesia y para cada uno de nosotros. A través de este carisma, el Señor nos ha revelado su plan de amor por nosotros asociándonos a la realización del mandato misionero que ha confiado a la Iglesia: «Id por todo el mundo y proclamad el mensaje del Evangelio a todas las criaturas» (Mc 16,15). El segundo elemento es la responsabilidad «grave y solemne que con ello contraemos ahora delante de Dios y de su Iglesia», que pide a cada uno de nosotros trabajar «con siempre creciente ardor por la dilatación del Evangelio» en el mundo entero, para formar una sola familia cristiana que abrace a la humanidad (cfr. Carta Testamento 1).
Las diferentes actividades organizadas para este Año Jubilar son publicadas en la página Web de nuestra Familia Javeriana. Hay testimonios, reflexiones, el compartir de uno y de otro, cartas, documentos, vídeos, artículos de lectura… La dirección es: www.dg.saveriani.org.Está abierta a todos y está disponible para ser visitada. Os invito a visitarla y así poder seguir más de cerca la vida de nuestra familia, sintiéndoos parte activa del «audaz proyecto» de San Guido María Conforti.
Nueva presencia misionera
Recordaréis que, en 2019, hemos iniciado dos nuevas presencias misioneras: una en la diócesis de Alto Solimöes, en Brasil, y la otra en el Vicariato de Mongo, en Chad. A partir de octubre 2020, estamos presentes en un nuevo país, Marruecos. Esto es algo así como el nacimiento de un nuevo niño en una familia. Se trata de una presencia misionera en un contexto predominantemente musulmán. Los hermanos destinados a este lugar son tres: Rolando Ruiz Durán y Juan Antonio Flores Osuna, ambos de nacionalidad mexicana, y François Saleh Moll, apenas ordenado presbítero, de nacionalidad chadiana. Aprender el Dariya, lengua oficial de Marruecos, es el primer desafío y actividad que los ocupa en estos primeros meses de presencia en la diócesis de Tánger.
Damos gracias al Señor por indicarnos nuevos caminos misioneros a recorrer, por abrirnos fronteras, por darnos a hermanos y hermanas dispuestos a recibirnos, por ampliar la amistad y la hermandad más allá de nosotros mismos. Con esta nueva presencia javeriana en Marruecos, seguimos, como protagonistas, el camino recientemente indicado también por el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti. Los acompañamos con nuestra fraternidad y apoyo.
La misión confiada por Jesús a la Iglesia va adelante y se transmite de generación en generación gracias a la audacia de quien cree en el amor del Señor hacia la toda humanidad. Tengamos presente con gratitud a nuestros hermanos jóvenes que durante este año han hecho la Profesión Perpetua y a aquellos que han sido ordenados Presbíteros. Agradecemos igualmente al Señor por los jóvenes que han decidido ofrecer a Dios la propia vida en la Familia Javeriana para que el Señor sea conocido y amado por todos los pueblos de la tierra. Estos jóvenes se encuentran en nuestras comunidades de formación en los cuatro continentes donde estamos presentes. Os pido acompañarlos con la oración.
Queridos familiares y amigos, mis mejores deseos en esta Navidad y un feliz Año Nuevo 2021. Sabed que allí donde hay una comunidad javeriana, también estáis presentes con vuestra oración, recuerdo y ayuda. Juntos, con alegría y agradecimiento a Dios, llevamos adelante Su proyecto de amor para todos nosotros: ¡Hacer del mundo una sola Familia!
¡Que nuestro Señor Jesucristo sea conocido y amado por todos!
¡Que el Señor os bendiga a cada uno de vosotros y a vuestras familias! Un abrazo,
Fernando García Rodríguez, sx