Lc 20,1-16. Es una parábola que nos habla del reinado de Dios. En ella se nos presenta a un señor que es propietario de una viña que necesita obreros para trabajar. Sale por la mañana temprano, sale a media mañana, sale a mediodía, sale al inicio de la tarde y sale cuando queda poco sol. “¿Qué hacéis aquí parados todo el día sin trabajar? – Nadie nos ha contratado. – Id también vosotros a mi viña”.
Es la imagen de Dios nuestro padre que ha creado el mundo y que invita continuamente a trabajar en su viña. Y para todos, el de la primera y el de la última hora, la misma recompensa : la alegría de hacer el trabajo de Dios.
Dicen los padres de la Iglesia que Dios ha creado el mundo sin nuestra colaboración, pero para salvarlo no puede hacerlo sin nosotros. ¡Qué gran don, qué privilegio y qué responsabilidad!
Palabra y vida. ¿Cuál es el trabajo de Dios? Cosas muy sencillas, respetar a Dios, no mentir, no robar, no cometer adulterio, honrar a tus semejantes, ser justo, sonreír, comprender, perdonar, echar una mano, acoger a quien lo necesita… Cosas a nuestro alcance. Con ellas y otras parecidas ayudamos a que el reinado de Dios vaya manifestando su belleza.
Ejercicio en este día: colaboro activamente y con alegría en el trabajo de Dios








Jn 19,26-27. Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. “Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre: —Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: —Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa”.