Ritornare al sapore del pane

«Restituiscimi all’infanzia, Signore, fa’ che ritorni fanciullo, al sapore vero delle cose, al gusto del pane e dell’acqua.
Signore, salvami dall’indifferenza, da questa anonimia di uomo adulto. È il male di cui soffriamo senza averne coscienza.
Signore, salvami dal colore grigio dell’uomo adulto e fa’ che tutto il popolo sia liberato dalla senilità dello spirito.
Salvami dall’abitudine delle cose sacre e fammi godere il miracolo della luce e quello dell’acqua viva che sgorga dalle pietre; il miracolo delle primavere come quando, fanciullo, mi sorprendevo nei campi uguale a un calice colmo di gioia per il dialogo amoroso con le piante e i monti e gli uccelli». (David Maria Turoldo)

Somos hijos de Dios

 «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.» (1 Jn 3,2)

La primera y fundamental vocación es descubrir que somos hijos de Dios. Es la revelación escondida en el sacramento del bautismo. Jesús nos ha mostrado el camino (Mc 1,11).

Hijos amados por Dios Padre. Esta es nuestra identidad. Dios nos ama, y amándonos nos confía la misión que lleva en su corazón desde la eternidad: hacer del mundo la familia de los hijos de Dios.

A quien todavía no conoce el amor de Dios, ¿quién se lo anunciará? No hay fe sin riesgo.

Un abrazo

http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/vocations/documents/papa-francesco_20210319_58-messaggio-giornata-mondiale-vocazioni.html

Queridos amig@s,

celebrar la Pascua del Señor es uno de los mayores dones que hemos recibido de Dios. Descubrir y redescubrir que la muerte ha sido vencida por la Vida cambia la orientación existencial de quien vive esta experiencia. Así fue para los primeros discípulos, y así sucede para aquellos que se abren confiadamente a la novedad de Dios en la historia humana.

Los Evangelios nos presentan la resurrección del Señor como el acontecimiento central en la vida de aquellos discípulos que, a pesar de haber abandonado al Señor en su pasión y muerte, se encuentran ahora reunidos en el Cenáculo, contando cómo el Señor se les ha mostrado. «He visto al Señor», «Hemos visto al Señor», «Señor mío y Dios mío». De este encuentro pascual nace la Iglesia, fermento del reino de Dios en la humanidad.

Hay un antes y un después. Lo vivido con Jesús en el período anterior a su muerte, de Galilea a Jerusalén, es leído y reinterpretado a partir de esta experiencia personal y comunitaria. Lo que Jesús hizo y dijo, su estilo de vida, es verdad, es algo eterno.

La experiencia de la resurrección del Señor que han hecho los primeros discípulos sigue siendo para nosotros el paradigma sobre el que nace, crece y se fortalece toda vida cristiana. Encontrar al Señor resucitado, vivo, y experimentarlo, es el punto de partida para cualquier desarrollo de la vida en Dios. Nadie puede hacer esta experiencia en nuestro lugar.

Sobre este punto me gusta recordar una historia de Anthony de Mello que tiene por título El mapa del Río Amazonas. Dice así: «Un explorador había regresado entre su gente, la cual estaba ansiosa por saber todo sobre el Río Amazonas. Pero, ¿cómo podía poner en palabras los sentimientos que habían invadido su corazón al ver flores de asombrosa belleza y escuchar los sonidos de la selva por la noche? ¿Cómo podía comunicar lo que experimentaba en su corazón al sentir el peligro de las bestias o al conducir su canoa por las traicioneras aguas del río? Les dijo: “Vayan a verlo por ustedes mismos. Nada puede reemplazar el riesgo personal y la experiencia personal”. Sin embargo, para guiarlos, dibujó un mapa del Río Amazonas. Ellos tomaron el mapa, lo enmarcaron y lo colgaron en el ayuntamiento. Hicieron copias personales de él. Y cualquiera que tuviera una copia se consideraba un experto en el Amazonas. ¿No conocía, quizás, cada ángulo y curva del río, y cuánto era ancho y profundo, y dónde estaban los rápidos y dónde las cataratas? El explorador vivía arrepentido de haber trazado aquel mapa. Hubiera sido mejor si no hubiese dibujado nada».

Releyendo los relatos evangélicos de la resurrección, quisiera enfatizar en particular tres puntos que pueden ayudarnos, como lo fue para los primeros discípulos, a encontrar al Señor y a reencontrarlo de nuevo cada día de nuestra vida con aquella frescura, espontaneidad, credibilidad y fuerza interior que caracterizó el primer encuentro.

  1. «Muy de mañana». Todos los cuatro evangelios enfatizan este hecho. Hablar de amanecer, de la madrugada, habla de un deseo profundo y apasionado de ver el cuerpo de Jesús. Este deseo es lo que caracteriza al verdadero creyente. Encontrar al Señor resucitado es un don. Pero este don debe buscarse con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas. Apenas se da el primer paso, Él sale a nuestro encuentro.
  2. «¿De qué cosas vienen hablando?» Los dos discípulos van camino de Emaús, hablan de lo ocurrido en Jerusalén y, suponemos, de su desencanto. Y luego, sin preverlo, otra persona comienza a caminar con ellos. Es la forma cómo hace Dios: se acerca de manera silenciosa, sin pretender imponerse, entra en sus vidas sin herir sus sentimientos; y así, casi como sin que ellos se den cuenta, es aceptado por ellos con gusto, hasta el punto de que no quieren separarse de él. De esta forma, a lo largo del camino, poco a poco, los lleva a descubrir lo que se esconde a sus ojos.

En el seguimiento de Cristo es necesario, por una parte, estar abierto a la novedad, a lo inesperado, no encerrarse en uno mismo, en las propias seguridades; y por la otra, se necesita humildad para aceptar ser guiado hacia la Verdad. La humildad es la que nos hace discípulos. En el corazón de quien está lleno de sí mismo no hay lugar para el otro y mucho menos para Dios.

  • «¡No seas incrédulo, sino creyente!»; «Simón, hijo de Juan, ¿de verdad me amas?». La experiencia que tienen Tomás y Simón Pedro es la de su debilidad y fragilidad, la de su pecado. Les cuesta reconocerlo. Sin embargo, sólo cuando lo aceptan, experimentan la salvación de Dios en Jesucristo.

Aceptar la parte oscura de nuestra realidad humana, esa que en la práctica niega a Dios, es decir que no lo ama, no es fácil, porque toca el propio orgullo, toca la imagen idealizada que nos hacemos de nosotros mismos. Sólo en la aceptación serena, aún si a veces es dolorosa, de la propia fragilidad y pecado, se experimenta la salvación de Dios que se acerca a nosotros amándonos. Éste es el punto inicial del que parte el verdadero testimonio misionero: se relata, se comparte, el bien que Dios me ha hecho y que sigue haciéndome en el presente.

En el contexto concreto que estamos viviendo, por un parte la pandemia del Covid, y por otra el Año jubilar, de gracia para nuestra Familia Javeriana, dejémonos amar por Dios a través de nuestro Señor Jesucristo. De esto depende la calidad y significatividad de la vocación cristiana en general, y de la javeriana en particular.

¡Te/Os deseo una feliz y santa Pascua de la resurrección del Señor!

Fernando García Rodríguez, sx.

Una mirada

«Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.»» (Jn 1,36-38) Se trata de Juan el Bautista que mira, se fija en Jesús y reconoce en Él el Cordero de Dios. Y enseguida lo indica a dos de sus discípulos que lo acompañaban.

Es un gesto muy sencillo: mirar a quien pasa, prestar atención, percibir lo que hay más allá de la apariencia. Es un gesto que indica que la persona está abierta a la sorpresa, a lo inesperado; que no vive para sí misma, encerrada en sus preocupaciones. Es un gesto que nos habla de relación, de atención al prójimo. Sencillamente mirar, escuchar. Dejarse tocar es la consecuencia.

Nuestra sociedad necesita personas que abren los ojos, que miran, que se detienen, que escuchan, que ofrecen la mano… Colaborar a que nuestro mundo sea un poco más humano inicia simplemente con eso, con una mirada.

«Tú eres mi Hijo, el Amado, mi Elegido.»

Mc 1,9-11. Recuerdo el momento en el que el Espíritu Santo me abrió el entendimiento para comprender lo que realmente significa el Bautismo de Jesús y, por consiguiente, mi propio bautismo. Comprender y acoger con asombro y agradecimiento estas palabras sobrecogedoras: “Fernando, tu eres mi hijo a quien amo profundamente”.

Gracias, Padre, por darme la vida, y en ella la invitación a colaborar contigo, mano en la mano, en la realización de tu proyecto de amor para nuestro mundo.

MENSAJE DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2021

Queridos familiares y amigos,

la celebración de la Navidad nos da la ocasión para encontrarnos como Familia y poder intercambiar así las felicitaciones propias de este período navideño. El mes pasado pensando en este mensaje he encontrado un versículo de la Carta de San Pablo a los Romanos, y enseguida he pensado que habría sido bonito compartirlo con todos vosotros en esta ocasión. Dice así:

«Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10,9).

Habían apenas pasado 25 años de la muerte del Señor Jesús cuando San Pablo escribió la carta a la comunidad cristiana que estaba en Roma. Él, hebreo y fariseo que, mientras perseguía a los cristianos, se había encontrado con el Señor en el camino de Damasco, afirma con determinación la fe en la resurrección del Señor Jesús y dice que en el momento en el que uno recibe a Jesús como el Señor de la vida, es salvado. Este es el núcleo central del mensaje misionero: anunciar, proclamar y testimoniar que Jesucristo, el niño nacido en Belén, ha resucitado, está vivo. Cualquiera que lo recibe en su vida, independientemente del origen geográfico o cultural, vive eternamente, convirtiéndose así en una persona nueva que tiene como casa el mundo y como familia la humanidad.

«Pero, continúa diciendo San Pablo, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en él, si no han oído hablar de él? ¿Cómo van a oír hablar de él, si no hay nadie que se lo anuncie? ¿Y cómo va a haber quienes lo anuncien si no son enviados? … Por lo tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación consiste en anunciar la Palabra de Cristo» (Rm 10,14-17).

La Navidad nos recuerda con relevancia esta gran verdad: el Hijo de Dios que se ha hecho uno de nosotros, y que ha nacido entre nosotros (Mt 1,23), ha sido enviado por Dios Padre con una finalidad bien precisa (Mt 1,21), la de salvar a la humanidad del pecado que divide, separa y crea muerte; del pecado que destruye su plan de salvación para nosotros, ser la familia de los hijos de Dios. Hay necesidad urgente de misioneros del Evangelio, de personas que sintiéndose amadas por Dios proclamen y testimonien con convicción y fuerza interior, allí donde cada uno se encuentra, y en modos diferentes, que el amor de Dios es eterno, que «Dios ha amado tanto al mundo que dio a su único Hijo para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

Queridos familiares y amigos, entre los momentos y acontecimientos importantes que han marcado la vida de nuestra Familia Javeriana en este año 2020, quisiera señalar particularmente tres.

Pandemia Covid-19

El año 2020 quedará grabado en nuestra memoria principalmente por la pandemia Covid-19. Ésta se ha presentado en nuestra vida como el ladrón que penetra de noche en la casa mientras el propietario duerme. Ha entrado así de manera silenciosa, sin hacer ruido, casi de manera imperceptible, y cuando nos hemos dado cuenta de ello, el virus ya estaba dentro trabajando sin que ningún enemigo pudiera hacerle frente y combatirlo. Y así nos hemos encontrado en lockdown, confinados en nuestras casas, a luchar contra este enemigo invisible. Durante los primeros meses de esta pandemia, hemos vivido en primera persona con un gran sentido de impotencia, la partida física de hermanos, familiares, amigos, vecinos y personas conocidas. Han sido meses difíciles. Nuestra Casa Madre en Parma es testigo de ello. De las personas queridas que nos han dejado para entrar en la vida eterna, conservamos el testimonio de sus vidas como un tesoro precioso. Agradecemos a Dios el don de cada uno de ellos. Ahora siguen acompañándonos desde el cielo. ¡Qué descansen en la paz del Señor!

Reflexionando brevemente sobre la pandemia que aún continúa: vemos cómo inesperadamente hemos descubierto nuestra vulnerabilidad y fragilidad. Ha bastado un virus, invisible a los ojos, para ponernos de rodillas a todos. Esperamos que esta experiencia trágica nos ayude a reflexionar sobre las cosas que son esenciales en la vida y por las cuales merece la pena empeñarse y hasta dar la propia vida. «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», dice Jesús a sus discípulos (Mc 13,31).

Año Jubilar Javeriano

El motivo de este Año Jubilar es el recuerdo del centenario de la aprobación por parte de la Iglesia de nuestra regla de vida: las primeras Constituciones Javerianas. Era el 6 de enero de 1921. Seis meses más tarde, para dar la noticia, el 2 de julio de 1921, Mons. Conforti escribía una carta «A los queridísimos Misioneros presentes y futuros de la Pía Sociedad de San Francisco Javier para las Misiones Extranjeras». Aprovechó para abrir su corazón y poner por escrito lo que él deseaba de sus hijos «presentes y futuros». Es llamada por nosotros la Carta Testamento.

El Año Jubilar Javeriano ha iniciado oficialmente el 2 de julio 2020 con una celebración eucarística en el santuario San Guido María Conforti en Parma, y se concluirá el 2 de julio 2021. Son dos los elementos que principalmente caracterizan este año de gracia. El primero es dar gracias al Señor por el don recibido, que se ha concretado en el carisma javeriano. Es un gran regalo para la Iglesia y para cada uno de nosotros. A través de este carisma, el Señor nos ha revelado su plan de amor por nosotros asociándonos a la realización del mandato misionero que ha confiado a la Iglesia: «Id por todo el mundo y proclamad el mensaje del Evangelio a todas las criaturas» (Mc 16,15). El segundo elemento es la responsabilidad «grave y solemne que con ello contraemos ahora delante de Dios y de su Iglesia», que pide a cada uno de nosotros trabajar «con siempre creciente ardor por la dilatación del Evangelio» en el mundo entero, para formar una sola familia cristiana que abrace a la humanidad (cfr. Carta Testamento 1).

Las diferentes actividades organizadas para este Año Jubilar son publicadas en la página Web de nuestra Familia Javeriana. Hay testimonios, reflexiones, el compartir de uno y de otro, cartas, documentos, vídeos, artículos de lectura… La dirección es: www.dg.saveriani.org.Está abierta a todos y está disponible para ser visitada. Os invito a visitarla y así poder seguir más de cerca la vida de nuestra familia, sintiéndoos parte activa del «audaz proyecto» de San Guido María Conforti.

Nueva presencia misionera

Recordaréis que, en 2019, hemos iniciado dos nuevas presencias misioneras: una en la diócesis de Alto Solimöes, en Brasil, y la otra en el Vicariato de Mongo, en Chad. A partir de octubre 2020, estamos presentes en un nuevo país, Marruecos. Esto es algo así como el nacimiento de un nuevo niño en una familia. Se trata de una presencia misionera en un contexto predominantemente musulmán. Los hermanos destinados a este lugar son tres: Rolando Ruiz Durán y Juan Antonio Flores Osuna, ambos de nacionalidad mexicana, y François Saleh Moll, apenas ordenado presbítero, de nacionalidad chadiana. Aprender el Dariya, lengua oficial de Marruecos, es el primer desafío y actividad que los ocupa en estos primeros meses de presencia en la diócesis de Tánger.

Damos gracias al Señor por indicarnos nuevos caminos misioneros a recorrer, por abrirnos fronteras, por darnos a hermanos y hermanas dispuestos a recibirnos, por ampliar la amistad y la hermandad más allá de nosotros mismos. Con esta nueva presencia javeriana en Marruecos, seguimos, como protagonistas, el camino recientemente indicado también por el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti. Los acompañamos con nuestra fraternidad y apoyo.

La misión confiada por Jesús a la Iglesia va adelante y se transmite de generación en generación gracias a la audacia de quien cree en el amor del Señor hacia la toda humanidad. Tengamos presente con gratitud a nuestros hermanos jóvenes que durante este año han hecho la Profesión Perpetua y a aquellos que han sido ordenados Presbíteros. Agradecemos igualmente al Señor por los jóvenes que han decidido ofrecer a Dios la propia vida en la Familia Javeriana para que el Señor sea conocido y amado por todos los pueblos de la tierra. Estos jóvenes se encuentran en nuestras comunidades de formación en los cuatro continentes donde estamos presentes. Os pido acompañarlos con la oración.

Queridos familiares y amigos, mis mejores deseos en esta Navidad y un feliz Año Nuevo 2021. Sabed que allí donde hay una comunidad javeriana, también estáis presentes con vuestra oración, recuerdo y ayuda. Juntos, con alegría y agradecimiento a Dios, llevamos adelante Su proyecto de amor para todos nosotros: ¡Hacer del mundo una sola Familia!

¡Que nuestro Señor Jesucristo sea conocido y amado por todos!

¡Que el Señor os bendiga a cada uno de vosotros y a vuestras familias! Un abrazo,       

Fernando García Rodríguez, sx                                                                                             

Señor,

« dame un corazón sencillo que ame tu nombre » (Sal 86,11)

« donne-moi un cœur simple qui aime ton nom. »

« give me a simple heart that loves your name »

« donami un cuore semplice che ami il tuo nome »

« beri aku hati yang sederhana yang mencintai namamu »

« dê-me um coração simples que ame o seu nome »

Servid al Señor con alegría

« Servid al Señor con alegría. Reconoced que el Señor es Dios, él nos hizo y somos suyos, pueblo suyo. » (Ps 100)

« Servez le Seigneur avec joie. Sachez que le Seigneur est Dieu, il nous a faits et nous sommes à lui, son peuple. »

« Serve the Lord with joy. Know that the Lord is God, he made us and we are his, his people. »

« Servite il Signore nella gioia. Riconoscete che il Signore è Dio. Egli ci ha fatti, a lui apparteniamo, siamo il suo popolo. »

« Layani Tuhan dengan sukacita. Ketahuilah bahwa Tuhan adalah Tuhan, Dia menciptakan kita dan kita adalah milik-Nya, umat-Nya. »

« Sirva ao Senhor com alegria. Saiba que o Senhor é Deus, ele nos fez e nós somos seu, seu povo. »

Juan

« No era él la luz, sino un testigo de la luz. » (Jn 1,8)

« Non era lui la luce: Giovanni era un testimone della luce. »

« Il n’était pas lui-même la lumière, mais il devait rendre témoignage à la lumière. »

« He was not the light,
but came to testify to the light. »

« Dia bukan terang, tapi saksi terang. »

« Ele não era a luz, mas uma testemunha da luz »

Isabel dice a María:

« Feliz eres tú que has confiado en el Señor y has creído que él puede realizar lo que te ha anunciado » (Lc 1,45)

« Tu es heureuse parce que tu as cru que le Seigneur accomplira ce qu’il t’a annoncé ! »

« Blessed are you who have trusted in the Lord and believed that he can accomplish what he announced to you »

« Beata te che hai avuto fiducia nel Signore e hai creduto che egli può compiere ciò che ti ha annunziato« »

« Berbahagialah Anda yang percaya kepada Tuhan dan percaya bahwa Dia dapat mencapai apa yang dia umumkan kepada Anda. »

« Bem-aventurados são vocês que confiaram no Senhor e acreditaram que ele pode cumprir o que vos anunciou »